Informalidad laboral juvenil y cobertura médica: una brecha que se amplía

Crecer sin cobertura médica se está convirtiendo en una realidad para un segmento cada vez más amplio de jóvenes mexicanos. Entre quienes tienen entre 18 y 29 años, la pérdida de afiliación a sistemas de salud —tanto públicos como privados— ha registrado una tendencia sostenida al alza, impulsada principalmente por la contracción del empleo formal y el avance de la informalidad laboral. Este fenómeno afecta con mayor intensidad a hogares de ingresos medios, que históricamente presentaban tasas de afiliación más altas y que ahora enfrentan una doble presión: menos ingresos estables y menor acceso a servicios básicos.

México enfrenta un desafío estructural que va más allá del ciclo económico. Según datos del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), la proporción de trabajadores jóvenes con empleo registrado ha mostrado retrocesos en periodos de contracción económica, y la recuperación post-pandemia no logró restituir plenamente los niveles de afiliación previos. La informalidad laboral, que según el INEGI supera el 55% de la población ocupada a nivel nacional, actúa como un mecanismo de exclusión automática: al no cotizar en sistemas formales, los trabajadores pierden el acceso a prestaciones de salud vinculadas al empleo. Para los jóvenes, esto se traduce en una vulnerabilidad acumulada que puede extenderse durante años críticos de su desarrollo profesional y físico.

Desde una perspectiva de política pública y estrategia empresarial, el problema tiene implicaciones que trascienden el ámbito sanitario. La falta de cobertura médica en la población joven impacta directamente en la productividad futura, incrementa la carga sobre sistemas de salud pública y reduce la capacidad de consumo de un segmento demográfico clave. Para los tomadores de decisiones en el sector privado, este escenario plantea preguntas urgentes sobre el diseño de esquemas de contratación, la viabilidad de modelos de trabajo híbrido o por proyecto, y el papel que pueden jugar los empleadores en la extensión de coberturas de salud más allá del contrato formal tradicional. Ignorar esta tendencia equivale a subestimar un riesgo sistémico que ya está redefiniendo el capital humano disponible en México para la próxima década.