Deuda 'buena' o 'mala': quién tiene acceso real a endeudarse con ventaja

Desde el derecho romano hasta los sistemas financieros contemporáneos, la deuda ha ocupado un lugar central en la organización económica de las sociedades. Lo que ha cambiado no es su existencia, sino quién puede acceder a ella en condiciones favorables. En los primeros años de Estados Unidos, el incumplimiento de pagos podía derivar en encarcelamiento; en la década de 1920, la industrialización reconfiguró la narrativa y el crédito se convirtió en un vehículo de movilidad social para acceder a bienes como el automóvil. Hoy, esa tensión entre deuda como herramienta de creación de riqueza y deuda como trampa de empobrecimiento sigue vigente, y los expertos coinciden en que el acceso desigual al crédito asequible es uno de los factores estructurales que perpetúa la desigualdad económica.

Desde la sociología, el llamado 'efecto Mateo' —concepto derivado del Evangelio y popularizado en ciencias sociales por Robert Merton— ofrece un marco explicativo contundente: quienes ya poseen activos y estabilidad financiera tienden a recibir mejores condiciones crediticias, mientras que quienes más necesitan financiamiento enfrentan tasas más altas y menor acceso. Este fenómeno golpea con especial fuerza a la clase media, que con frecuencia queda atrapada entre no calificar para programas de apoyo social y no tener el patrimonio suficiente para acceder a crédito preferencial. La paradoja es clara: las personas menos dependientes de la deuda para su subsistencia son precisamente las que obtienen mejores condiciones para endeudarse de forma productiva. Según datos del Banco Mundial, en economías emergentes como México, más del 50% de la población adulta sigue sin acceso a servicios financieros formales, lo que limita estructuralmente su capacidad de construir patrimonio mediante crédito.

Desde la filosofía y la ética económica, el debate sobre la deuda remite a preguntas fundamentales sobre justicia distributiva. Textos clásicos como la 'República' de Platón ya vinculaban riqueza, justicia y la carga del endeudamiento. En el pensamiento contemporáneo, autores como David Graeber —en su obra 'Debt: The First 5,000 Years'— argumentan que la deuda no es un fenómeno neutral, sino una relación de poder que históricamente ha sido utilizada para consolidar jerarquías sociales. Para los estrategas corporativos y líderes financieros, este análisis tiene implicaciones concretas: diseñar productos de crédito más inclusivos no es solo una decisión ética, sino una oportunidad de mercado significativa en un contexto donde la desigualdad económica sigue siendo uno de los principales riesgos sistémicos identificados por el Foro Económico Mundial en su Reporte de Riesgos Globales.