La FAO distingue a la agricultora costarricense Olga Vargas entre sus 100 Heroínas rurales
Más de 600 candidaturas provenientes de 131 países compitieron por un lugar en la lista de las 100 Heroínas Rurales de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), un reconocimiento que visibiliza el papel estratégico de las mujeres en los sistemas agroalimentarios globales. Entre las seleccionadas figura Olga Vargas, agricultora de Ujarrás, en la región de Buenos Aires de Puntarenas, Costa Rica, cuya trayectoria de más de dos décadas ilustra cómo la gestión eficiente de recursos naturales —en particular el agua— puede sostener y escalar una operación agrícola diversificada. Vargas ha incrementado su producción de guayaba de 100 a 174 árboles e integra la cría de alevines de tilapia en un modelo productivo articulado alrededor de un manantial preservado mediante prácticas de reforestación continua.
Este reconocimiento se inscribe en el contexto del Año Internacional de la Agricultora declarado por la Asamblea General de las Naciones Unidas, y coincide con el Día Internacional de las Mujeres Rurales, conmemorado cada 15 de octubre desde 2007. La campaña global de la FAO, bajo el lema "Mujeres empoderadas, sistemas agroalimentarios transformados", responde a una brecha estructural documentada: según datos del propio organismo, las mujeres representan cerca del 43% de la fuerza laboral agrícola en países en desarrollo, pero acceden a significativamente menos tierra, crédito y tecnología que sus pares masculinos. Cerrar esa brecha, estiman organismos como el Banco Mundial y el IFPRI, podría incrementar los rendimientos agrícolas de las explotaciones gestionadas por mujeres entre un 20% y un 30%, con impacto directo en la seguridad alimentaria regional.
Desde una perspectiva estratégica, el caso de Vargas —y el de otras homenajeadas como Cecilia Guineo Colguen, agricultora huilliche de Chiloé, Chile, y María Cantalicia Torres, guardiana de semillas de Venezuela— apunta a un modelo de desarrollo rural que combina conocimiento tradicional con intervención técnica estructurada. Vargas participó en el proyecto "Empoderando a las comunidades en sistemas agroalimentarios sostenibles", financiado por la FAO y UNICEF, que le proporcionó formación en gestión sostenible de suelos e infraestructura de riego. Para inversores en agroindustria, cooperativas y organismos de desarrollo, estas trayectorias ofrecen evidencia aplicable: la inversión en capacitación técnica y acceso a infraestructura básica para mujeres rurales genera retornos medibles en productividad, resiliencia climática y cohesión comunitaria, tres variables que definen la viabilidad de los sistemas alimentarios hacia 2030.



