Costos de combustible presionan márgenes en logística pese a crecimiento de ingresos

Crecer en ingresos sin crecer en rentabilidad es la paradoja que enfrenta hoy el sector logístico en Norteamérica. Así lo ilustra el más reciente reporte trimestral de uno de los operadores de transporte de carga más grandes del continente, cuyas cifras muestran un incremento del 20% en ingresos —alcanzando los 3,680 millones de dólares— mientras que las utilidades apenas avanzaron un 3%. El factor determinante: el precio del diésel, que superó los 6 dólares por galón frente a los aproximadamente 3.65 dólares registrados un año antes, un incremento de más del 60% que comprime los márgenes operativos de forma directa.

Este escenario no es aislado. Según datos del Departamento de Energía de Estados Unidos y análisis de la consultora McKinsey, la volatilidad energética se ha convertido en una de las principales variables de riesgo para las cadenas de suministro globales desde 2022. Para los directivos de empresas con operaciones logísticas en México y América Latina, el caso ilustra una dinámica que ya se replica en la región: el crecimiento topline puede ser engañoso si no va acompañado de estrategias de cobertura de riesgo energético, eficiencia en rutas y negociación de contratos de largo plazo con proveedores de combustible.

Para los tomadores de decisiones, la señal de alerta va más allá del combustible. El Foro Económico Mundial ha identificado la resiliencia de la cadena de suministro como una prioridad estratégica para la próxima década, subrayando que las empresas que no incorporen modelos de gestión de costos variables —incluyendo energía, mano de obra y fletes— quedarán expuestas a ciclos de compresión de márgenes cada vez más frecuentes. Adaptar los modelos financieros y operativos a esta nueva normalidad de volatilidad estructural no es una opción táctica: es una condición de competitividad a mediano plazo.