Estrategias fiscales de largo/corto ganan terreno entre inversores de alto patrimonio

Gestionar la carga fiscal sobre ganancias de capital se ha convertido en una prioridad estratégica para inversores de alto patrimonio, y el mercado de soluciones especializadas está respondiendo con velocidad inusual. Los activos bajo gestión en estrategias de largo/corto conscientes de impuestos —conocidas en la industria como TALS, por sus siglas en inglés— se dispararon de apenas 2,000 millones de dólares en 2022 a más de 170,000 millones en 2023, según datos de la industria. Este crecimiento no es anecdótico: refleja un cambio estructural en cómo los asesores de inversión están diseñando portafolios para clientes con exposición significativa a ganancias de capital no realizadas.

Estas estrategias operan mediante la combinación de posiciones largas y cortas con apalancamiento, lo que permite a los inversores adquirir mayor exposición a activos mientras gestionan activamente las pérdidas fiscales para compensar ganancias. A diferencia de la indexación directa tradicional —que también busca optimizar la cosecha de pérdidas fiscales, pero enfrenta limitaciones en mercados alcistas prolongados—, las estrategias TALS mantienen mayor flexibilidad operativa incluso cuando las oportunidades de pérdidas naturales se reducen. Para perfiles como empresarios en proceso de venta, ejecutivos con compensaciones accionarias elevadas o empleados de empresas que han completado recientemente una oferta pública inicial, este tipo de instrumentos representa una herramienta de planificación patrimonial de alto impacto.

Para el segmento de wealth management y los asesores de inversión que atienden al C-Level y a fundadores de empresas, la expansión de estas estrategias abre una ventana competitiva relevante. La capacidad de ofrecer soluciones de optimización fiscal sofisticadas —más allá de los fondos indexados convencionales— se está convirtiendo en un diferenciador clave para retener y atraer clientes de alto valor. McKinsey ha documentado que los clientes de ultra-alto patrimonio priorizan la eficiencia fiscal como segundo criterio de selección de asesor, solo detrás del rendimiento ajustado al riesgo. En ese contexto, las firmas que logren escalar estas capacidades con infraestructura tecnológica robusta estarán mejor posicionadas para capturar flujos de capital en un entorno donde la presión fiscal sobre las ganancias de inversión sigue siendo una variable determinante en las decisiones de portafolio.