Negociación arancelaria entre México y Estados Unidos: plazos, sectores y estrategia
Reducir los aranceles sobre acero, aluminio y vehículos en un horizonte de semanas o meses es el objetivo que México mantiene en su agenda comercial con Estados Unidos, según declaraciones del titular de la Secretaría de Relaciones Exteriores. Aunque no existe aún un acuerdo definitivo ni una tasa objetivo formalizada para el acero, la postura oficial mexicana apunta a la perseverancia negociadora como principal instrumento diplomático. El contexto es complejo: los gravámenes vigentes incluyen un 25% sobre automóviles y hasta un 50% sobre acero y aluminio bajo la sección 232 de la legislación comercial estadounidense, cifras que presionan directamente la competitividad de la manufactura instalada en territorio mexicano.
Uno de los argumentos centrales de la estrategia mexicana es la comparación con el trato arancelario que Estados Unidos otorga a Corea del Sur: una tasa del 15% sobre vehículos sin exigencias estrictas de reglas de origen. Para México, esta asimetría representa una desventaja estructural, ya que la producción coreana compite en condiciones más favorables frente a la manufactura establecida en México, incluso cuando esta última involucra a fabricantes de origen estadounidense con plantas distribuidas en múltiples países. El caso de General Motors —con operaciones en Corea del Sur, México y Estados Unidos— ilustra cómo la falta de alineación arancelaria puede afectar simultáneamente a marcas americanas y a socios comerciales regionales. Según datos del Consejo Nacional de la Industria Maquiladora y Manufacturera de Exportación (Index), el sector automotriz representa cerca del 20% del PIB manufacturero de México, lo que dimensiona el impacto potencial de cualquier ajuste en estas tarifas.
Desde una perspectiva estratégica más amplia, la negociación refleja una dinámica que trasciende lo bilateral: la reconfiguración de las cadenas de suministro globales está obligando a los gobiernos a revisar sus marcos arancelarios con una lógica sistémica, no sector por sector. El Foro Económico Mundial ha documentado que las tensiones comerciales entre grandes bloques económicos están acelerando la regionalización de la producción, fenómeno conocido como nearshoring, que en el caso de México ha atraído inversión extranjera directa récord en los últimos dos años. En ese escenario, el resultado de estas negociaciones no solo determinará el costo de exportar acero o automóviles, sino que enviará una señal sobre la estabilidad y predictibilidad del entorno comercial norteamericano de cara al periodo de revisión del T-MEC previsto para 2026.



