Populismo económico: por qué imitar sus políticas agrava el costo de vida

Adoptar políticas populistas como respuesta a las presiones inflacionarias y al descontento ciudadano no solo es ineficaz, sino que puede resultar contraproducente para las economías avanzadas. Así lo advierte el secretario general de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), quien señala que el verdadero camino hacia una reducción sostenible del costo de vida pasa por el aumento de la productividad, la oferta de vivienda asequible, el crecimiento real de los salarios y la reducción de los costos energéticos. Imitar las propuestas populistas, argumenta, no recupera a los votantes descontentos: genera una pérdida doble al no satisfacer a quienes apoyan esos movimientos y al alejar a quienes buscan soluciones estructurales.

Desde una perspectiva técnica, los datos de la OCDE cuestionan uno de los argumentos más recurrentes del populismo económico: que la migración deprime salarios y desplaza trabajadores locales. Los registros de la organización indican que en las regiones donde aumentó la llegada de migrantes, el empleo de la población local creció más rápidamente, sin un impacto negativo en sus remuneraciones. Este hallazgo es relevante para cualquier economía que enfrente el envejecimiento de su fuerza laboral, un fenómeno que McKinsey Global Institute identifica como uno de los principales frenos al crecimiento potencial en mercados desarrollados durante la próxima década. Restringir la migración como respuesta al costo de vida, en ese contexto, equivale a tratar un síntoma mientras se agrava la enfermedad subyacente.

El análisis tiene implicaciones directas para líderes empresariales y estrategas corporativos. Las políticas proteccionistas —aranceles incluidos— elevan los costos de insumos en sectores como agricultura, minería y construcción, transfiriendo la carga a las cadenas de valor y, en última instancia, al consumidor final. Para el C-Level, el mensaje es claro: los entornos donde el debate político se inclina hacia el proteccionismo y el populismo generan mayor incertidumbre regulatoria, encarecen la logística y dificultan la planeación a mediano plazo. Apostar por ecosistemas de productividad —infraestructura, capital humano, competencia de mercado— sigue siendo la única estrategia con retorno comprobado a largo plazo. No existen atajos; las promesas de soluciones rápidas tienen un costo diferido que las economías terminan pagando con menor competitividad y menor bienestar agregado.