Cómo una pyme familiar escala a 700 puntos de venta tecnológicos en siete décadas

Pocas trayectorias empresariales en México ilustran con tanta claridad el poder de la reinvención estratégica como la de una pequeña zapatería fundada en el Centro Histórico de Ciudad de México en 1956. Su fundador, Manuel Shteremberg, tomó una decisión que cambiaría el rumbo del negocio familiar tras un encuentro fortuito con empresarios estadounidenses en Acapulco: abandonó el calzado y apostó por los componentes electrónicos, entonces una categoría incipiente en el mercado mexicano. Con financiamiento inicial de sus nuevos socios comerciales, comenzó a distribuir bulbos, bocinas y partes electrónicas en una época en que ese tipo de insumos era difícil de conseguir en el país.

Durante las décadas siguientes, la empresa abrió sucursales en Guadalajara, Monterrey y Tijuana, consolidando una presencia nacional antes de que el concepto de cadena minorista especializada en tecnología existiera formalmente en México. El salto definitivo llegó en 1992, cuando la compañía adoptó el modelo de franquicias, una decisión que según Carlos Minjares, director de Expansión Internacional, permitió democratizar el acceso a productos electrónicos para un público menos especializado y acelerar la apertura de nuevos puntos de venta en todo el territorio nacional. Hoy, la red supera los 700 establecimientos y ofrece un catálogo de más de 4,000 referencias, que van desde cableado y componentes hasta cámaras de seguridad y dispositivos con inteligencia artificial integrada. Este crecimiento coincide con una tendencia documentada por la Asociación Mexicana de Franquicias, que ubica al sector retail tecnológico entre los de mayor expansión en el esquema de franquicias durante la última década.

Más allá del volumen de tiendas, el caso resulta relevante para estrategas y directivos porque evidencia un patrón replicable: la combinación de investigación de mercado sistemática, desarrollo propio de producto y estructuras familiares con gobernanza profesionalizada. Minjares señala que la empresa cuenta con un equipo dedicado al análisis del comportamiento del consumidor, lo que le permite anticipar demanda antes de incorporar nuevas categorías al catálogo. La expansión internacional hacia República Dominicana, Guatemala, Honduras, El Salvador, Costa Rica, Panamá, Ecuador y Colombia responde a esa misma lógica: identificar mercados con déficit de oferta especializada en electrónica de consumo y replicar el modelo con adaptaciones locales. Para inversores y consultores de transformación, la pregunta relevante no es cómo creció esta empresa, sino qué condiciones organizacionales permitieron que un negocio familiar de mediados del siglo XX compitiera con relevancia en la era de la inteligencia artificial.