Economía argentina al borde de recesión técnica: señales que los estrategas deben monitorear
Señales acumuladas de desaceleración en Argentina apuntan hacia una recesión técnica que los mercados regionales y los estrategas corporativos con exposición al Cono Sur no pueden ignorar. El estimador mensual de actividad económica del Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec) registró en agosto un incremento de apenas 0,1% respecto a julio, cifra que contrasta con la caída del 2,8% del mes previo y con la contracción del 0,6% del PIB en el segundo trimestre. Para que el tercer trimestre evite un resultado negativo, la actividad tendría que crecer 8,6% en septiembre respecto a agosto, según un análisis de SBS Research, un umbral que los propios analistas consideran prácticamente inalcanzable.
Detrás de los números agregados se esconde una fractura estructural entre sectores. De los 15 sectores analizados por el Indec, 11 presentaron resultados negativos en términos interanuales. Pesca (-15,7%), actividad financiera (-3,8%), comercio (-3,5%) e industria (-3,2%) lideraron las contracciones, mientras que minería e hidrocarburos (+11,1%) y hoteles y restaurantes (+3,1%) operaron como contrapesos insuficientes. Santiago Casas, economista jefe de EcoAnalytics, advierte que el dinamismo exportador de sectores como minería y petróleo ya no alcanza para compensar el deterioro en industria y comercio, sectores que concentran el grueso del empleo formal. La demanda interna permanece deprimida y, sin una recuperación del crédito, el consumo vinculado al mercado interno difícilmente repuntará en el corto plazo.
Para los directivos con operaciones o inversiones en Argentina, el horizonte de mediano plazo exige recalibrar supuestos. La consultora LCG ha reducido su proyección de crecimiento para 2026 del 1,5% a aproximadamente 1% anual, cifra que se aleja significativamente de la previsión oficial del 3% incluida en el proyecto de Presupuesto 2027 y del 4,4% registrado en 2025. La combinación de salarios reales erosionados, inversión en retroceso por quinto trimestre consecutivo y un gasto público contractivo —producto de la estrategia de superávit fiscal primario— configura un entorno donde las decisiones de expansión, contratación y financiamiento deben evaluarse con escenarios de base más conservadores que los que circulan en los documentos oficiales.


