Sobrecostos en megaproyectos de energía renovable: lecciones de una crisis presupuestal
Multiplicar por doce el presupuesto original de un proyecto de infraestructura energética no es un error de cálculo menor: es una señal de alerta para cualquier estratega que evalúe inversiones en energía renovable a gran escala. Eso es precisamente lo que ocurrió con una de las obras hidroeléctricas más ambiciosas del hemisferio sur, cuyo costo pasó de una estimación inicial de 2,000 millones de dólares en 2017 a una proyección actual de entre 22,200 y 25,000 millones de dólares, con fecha de operación desplazada hasta 2029. El CEO del proyecto reconoció públicamente que la situación "podría haber sido peor", una declaración que, lejos de tranquilizar, pone en evidencia la fragilidad de los marcos de gestión de riesgo en megaproyectos de energía.
Los factores detrás del desbordamiento presupuestal son múltiples y sistémicos. La tuneladora principal quedó atascada en terreno geológicamente complejo, lo que paralizó el avance durante meses. El contratista principal incumplió objetivos de productividad y subestimó costos de manera recurrente. A esto se sumó la inflación global en materiales y servicios de construcción, fenómeno que afectó prácticamente a todos los proyectos de infraestructura iniciados antes de 2022. Actualmente, cerca de 5,000 trabajadores continúan en obra, con las excavaciones principales en etapa final y un avance del 65% en la perforación con tuneladora. El gobierno impulsor del proyecto prepara nuevas estructuras de supervisión y financiamiento, incluyendo la posibilidad de capital privado para complementar los fondos públicos ya comprometidos.
Para los tomadores de decisiones en México y América Latina, este caso ofrece un marco de análisis concreto sobre los riesgos inherentes a los proyectos de energía renovable de gran escala. Según datos del Project Management Institute, más del 70% de los megaproyectos de infraestructura a nivel global superan su presupuesto original, y los proyectos energéticos son especialmente vulnerables a variaciones geológicas, volatilidad de commodities y cambios regulatorios. La lección no es evitar la inversión en infraestructura renovable —que sigue siendo estratégicamente necesaria ante la transición energética global— sino fortalecer los mecanismos de gobernanza, auditoría independiente y gestión de contingencias desde la fase de diseño. En un entorno donde los gobiernos de la región evalúan proyectos similares de almacenamiento y generación hidroeléctrica, la diferencia entre un proyecto exitoso y uno que se convierte en pasivo político suele estar en la calidad de la planificación inicial y en la capacidad institucional para responder a imprevistos sin escalar indefinidamente los compromisos fiscales.



