Jefe de Sustentabilidad: el rol ejecutivo que redefine la estrategia corporativa

Incorporar un ejecutivo dedicado exclusivamente a la gestión ambiental y de sustentabilidad ha dejado de ser una señal de responsabilidad social para convertirse en una decisión estratégica con implicaciones directas en la competitividad, el acceso a capital y la continuidad operativa. Según datos del World Economic Forum, los riesgos ambientales ocupan cinco de los diez primeros lugares en su Reporte Global de Riesgos 2024, lo que obliga a las organizaciones a elevar esta función al nivel de la C-Suite.

La pandemia aceleró un replanteamiento profundo sobre la relación entre los modelos de negocio y los sistemas naturales. Desde entonces, marcos como el Grupo de Trabajo sobre Divulgaciones Financieras Relacionadas con la Naturaleza (TNFD) y la Iniciativa de Objetivos Basados en la Ciencia (SBTi) han introducido estándares que exigen a las empresas identificar, medir y reportar sus dependencias y riesgos frente a la naturaleza. Para sectores como la moda, la agroindustria o la manufactura, esto implica cuantificar impactos que van desde la escasez hídrica en la producción de algodón hasta la deforestación asociada a cadenas de suministro de materias primas. Sin una figura ejecutiva con autoridad y recursos, estas tareas quedan fragmentadas entre áreas que carecen del mandato para transformar operaciones.

Sin embargo, el entorno no es uniforme. Un giro político hacia posiciones más escépticas frente a la agenda climática en varios mercados ha generado presión para diluir regulaciones y reducir equipos de sustentabilidad en algunas organizaciones. Esto ha provocado el cierre de consultorías especializadas y la consolidación de funciones que antes operaban de forma independiente. Paradójicamente, las empresas que han mantenido o reforzado su compromiso ambiental reportan mayor demanda de sus servicios y mejor posicionamiento ante inversionistas institucionales que integran criterios ESG en sus decisiones de asignación de capital. Para el C-Level mexicano, la pregunta ya no es si la sustentabilidad es relevante, sino si la estructura organizacional actual tiene la capacidad ejecutiva para gestionarla como lo que es: un vector de riesgo y oportunidad de largo plazo.