Infraestructura de carga en vía pública: el modelo que acelera la movilidad eléctrica urbana
Expandir la infraestructura de carga eléctrica más allá de los garajes privados se consolida como una de las palancas más efectivas para democratizar la movilidad eléctrica en entornos urbanos densos. Seattle representa hoy uno de los casos más avanzados en este modelo: la ciudad planea desplegar hasta 200 estaciones públicas de Nivel 2 en aceras antes de 2030, priorizando vecindarios con menor acceso actual a puntos de carga. La iniciativa es operada conjuntamente por Seattle City Light y el Departamento de Transporte local, con financiamiento proveniente de un impuesto de transporte aprobado en votación ciudadana en 2024.
El contexto demográfico explica la urgencia de la medida. Más de la mitad de los hogares en la ciudad corresponden a departamentos, condominios o viviendas antiguas sin infraestructura eléctrica adaptada para carga vehicular. Este segmento —que en ciudades latinoamericanas como Ciudad de México, Bogotá o Santiago representa proporciones similares o mayores— enfrenta una barrera estructural que frena la adopción del vehículo eléctrico incluso cuando existe disposición de compra. Según el World Economic Forum, la falta de acceso a carga doméstica es uno de los tres principales inhibidores de la transición eléctrica en mercados urbanos emergentes. Las estaciones de Nivel 2 instaladas en vía pública ofrecen entre 12 y 30 millas de autonomía por hora de carga, suficiente para cubrir los patrones de uso diario de la mayoría de los conductores urbanos.
Para estrategas de movilidad, urbanistas e inversores en infraestructura, el modelo de Seattle ofrece señales claras sobre hacia dónde se dirige la política pública en ciudades con alta densidad de arrendatarios. El programa fue precedido por un piloto en 31 ubicaciones entre 2023 y 2024, cuyos resultados de uso y aceptación comunitaria justificaron la escala actual. Este tipo de evidencia iterativa —piloto, medición, expansión— se alinea con los marcos de adopción tecnológica que McKinsey identifica como determinantes en la velocidad de penetración de infraestructura crítica. Para mercados como el mexicano, donde la red de carga pública aún es incipiente fuera de autopistas y centros comerciales, el modelo de carga en acera residencial representa una oportunidad de política pública y de inversión privada que aún no ha sido explorada a escala.



