Aumentos drásticos al salario mínimo: riesgos fiscales y laborales que no pueden ignorarse

Proponer un aumento del 38.5% al salario mínimo para 2027 ha encendido las alertas entre economistas y analistas fiscales en Colombia. Con un salario mínimo actual de $2,000,000 —resultado de un incremento del 23.6% en 2026— un nuevo ajuste de esta magnitud añadiría aproximadamente 0.55 puntos porcentuales al déficit fiscal, que ya se proyecta en un 9.4% del PIB para el siguiente año. Según Henry Amorocho, profesor de Hacienda Pública y Presupuesto de la Universidad del Rosario, el impacto acumulado podría traducirse en cerca de $11 billones adicionales en el déficit, comprometiendo el acceso al crédito soberano y deteriorando las condiciones para el crecimiento económico.

Más allá del impacto directo sobre las finanzas públicas, los efectos secundarios resultan igualmente preocupantes para el sector empresarial. Un aumento de esta escala presionaría al alza la nómina estatal, ampliaría las obligaciones pensionales y reduciría el recaudo del impuesto sobre la renta. En paralelo, la inflación podría repuntar entre 0.5% y 0.7%, lo que obligaría al Banco de la República a elevar su tasa de intervención —actualmente en 12.25%— entre 25 y 50 puntos básicos. Este encarecimiento del crédito afectaría directamente a hogares y empresas, erosionando el poder adquisitivo real de los mismos trabajadores que el ajuste pretende beneficiar. Amorocho propone como alternativa un incremento más moderado, de entre 8.5% y 9.5%, sustentado en una inflación esperada del 7% y ganancias de productividad de entre 1.2% y 1.5%.

Desde la academia, el profesor Wilson Rodríguez de la Universidad de La Sabana interpreta la propuesta del 38% como una posición de apertura negociadora antes que una cifra técnicamente sustentada. Sin embargo, advierte que el contexto del mercado laboral no admite experimentos: la tasa de desempleo escaló del 8.6% al 9.4% entre agosto de 2025 y agosto de 2026, señal de que la capacidad de absorción del empleo formal ya muestra tensiones. Para los estrategas corporativos y los tomadores de decisión en el sector privado, el debate sobre el salario mínimo no es solo una variable de costos: es un indicador adelantado de la estabilidad macroeconómica, la política monetaria y el clima de inversión que definirá el ciclo de negocios en los próximos años.