Peso mexicano frente al dólar: perspectivas cambiarias hacia el mediano plazo
Señales mixtas caracterizan el comportamiento reciente del tipo de cambio entre el peso mexicano y el dólar estadounidense. Con una volatilidad actual del 9.5%, por encima del nivel de referencia del 8.03%, el mercado cambiario mexicano opera en un entorno de mayor incertidumbre que el promedio histórico reciente. Esta inestabilidad no es un fenómeno aislado: refleja la confluencia de factores estructurales y coyunturales que los estrategas corporativos deben incorporar en sus modelos de planeación financiera.
De cara al mediano plazo, las proyecciones de instituciones clave apuntan a un rango de entre 19.30 y 20.50 pesos por dólar hacia finales de 2026. La Secretaría de Hacienda estima un tipo de cambio de 19.70, mientras que analistas consultados por el Banco de México proyectan niveles cercanos a 20.00-20.50. Entre los factores que podrían fortalecer al peso destacan la consolidación del nearshoring —que continúa atrayendo inversión extranjera directa hacia el norte y el Bajío mexicano— y una posible flexibilización de tasas por parte de la Reserva Federal en 2025-2026, lo que históricamente ha debilitado al dólar a nivel global. En sentido contrario, la renegociación del T-MEC y las políticas arancelarias de Estados Unidos representan variables de riesgo que podrían presionar al alza el tipo de cambio.
Para los directivos con exposición cambiaria, este panorama exige una revisión activa de estrategias de cobertura. El peso mexicano, que ocupa el decimoquinto lugar entre las monedas más negociadas del mundo y es la más transaccionada en América Latina, opera dentro de un rango histórico de la última década que va de 16.00 a 22.00 pesos por dólar. Las estimaciones actuales lo ubican cerca del centro de ese rango, lo que sugiere un escenario de equilibrio relativo, aunque con sesgo al alza condicionado por el entorno geopolítico y la dinámica de tasas internacionales. Las empresas con ingresos en dólares y costos en pesos —o viceversa— deberán ajustar sus supuestos presupuestales para 2025-2026 considerando una banda de volatilidad más amplia que la del ciclo anterior.



