Planificación forestal a largo plazo: cómo los países tropicales rediseñan su gobernanza de bosques

Países con alta cobertura forestal tropical enfrentan una tensión estructural: cómo preservar ecosistemas estratégicos sin frenar el desarrollo económico. Panamá está respondiendo a ese dilema con un ejercicio de planificación a largo plazo que busca actualizar su legislación forestal y trazar una hoja de ruta hasta 2056. El proceso, que integra voces de siete países latinoamericanos y europeos, representa un modelo de gobernanza colaborativa que otras economías con activos naturales similares observan con atención.

Un diagnóstico publicado en 2023 reveló la pérdida de 352,873 hectáreas de cobertura forestal en apenas dos años, con mayor impacto en las regiones de Veraguas, Darién y Coclé. Esta cifra contrasta con el hecho de que los bosques representan aproximadamente el 68% del territorio nacional, según el Mapa de Cobertura Boscosa y Uso de Suelo 2021. La expansión agropecuaria figura como uno de los principales vectores de presión sobre los ecosistemas, un patrón que se repite en buena parte de América Latina y que McKinsey ha identificado como uno de los mayores riesgos para la estabilidad de cadenas de suministro agrícolas globales en la próxima década.

Expertos internacionales, investigadores, funcionarios, empresarios y representantes de comunidades indígenas estructuraron sus recomendaciones en torno a cuatro ejes: gobernanza, investigación, participación territorial y mercados. El enfoque en financiamiento resulta particularmente relevante para estrategas e inversores, dado que los servicios ambientales —captura de carbono, regulación hídrica, biodiversidad— representan activos con valoración creciente en mercados voluntarios de carbono y en esquemas de bonos verdes. Según el Foro Económico Mundial, los mercados de carbono basados en naturaleza podrían alcanzar los 50,000 millones de dólares anuales hacia 2030, lo que convierte la gobernanza forestal sólida en una condición habilitante para acceder a ese capital. Panamá, que alberga cerca del 5% de la biodiversidad mundial, tiene una posición competitiva significativa si logra traducir ese patrimonio en instrumentos financieros verificables y en políticas que trasciendan los ciclos electorales.