Cierre de fábricas en Europa y Asia marca el fin del modelo de integración vertical en calzado

Presiones financieras acumuladas y cambios en la demanda global están forzando a fabricantes de calzado con décadas de integración vertical a replantear radicalmente sus cadenas de producción. El caso más reciente involucra el cierre de plantas en Portugal y Vietnam, que en conjunto afectan a entre 2,050 y 2,250 trabajadores directos, sumados a los 400 puestos eliminados en funciones corporativas globales y regionales. La planta portuguesa, operativa desde 1984, representaba casi cuatro décadas de manufactura europea; la vietnamita, inaugurada en 2020, apenas alcanzó cinco años de operación antes de su clausura.

Desde una perspectiva financiera, la situación es reveladora: la empresa reportó pérdidas netas de 25 millones de euros en su último ejercicio fiscal, acumulando una caída de 37.6 millones en el año previo. Los ingresos netos descendieron 5.2%, de 1.49 a 1.41 mil millones de euros, con retrocesos en todos los canales de venta, especialmente en el segmento directo al consumidor. Según el propio informe anual, factores como la cautela del gasto del consumidor, la presión arancelaria y la volatilidad geopolítica afectaron las ventas en la mayoría de las regiones. A esto se suma el impacto reputacional derivado de decisiones operativas durante el conflicto en Ucrania, que llevaron a cadenas minoristas internacionales a distanciarse de la marca, y la pérdida del uso del logo de la corona danesa en 2022 por presiones políticas.

Para estrategas e inversores, este caso ilustra una tendencia más amplia: el modelo de integración vertical en manufactura de calzado —que durante décadas fue sinónimo de control de calidad y diferenciación premium— está siendo sustituido por esquemas de producción distribuida en Asia, particularmente en China, Indonesia y Tailandia. Según datos del World Footwear Yearbook, Asia concentra ya más del 87% de la producción global de calzado. La pregunta que enfrentan los líderes del sector no es si trasladar producción, sino cómo preservar el valor de marca y la trazabilidad de materiales —como el cuero premium— cuando la manufactura se fragmenta geográficamente. La continuidad de curtidurías propias en Asia sugiere que algunas empresas apuestan por controlar insumos clave mientras externalizan el ensamble final, un modelo híbrido que podría definir la próxima etapa competitiva de la industria.