Déficit público, pérdidas energéticas y pensiones: señales de alerta fiscal en México
Tres frentes simultáneos de presión fiscal están estrechando el margen de maniobra de las finanzas públicas mexicanas: la contracción de ingresos gubernamentales, el desempeño negativo de la principal empresa petrolera del país y el deterioro de los resultados de la empresa eléctrica nacional. Según los últimos informes de la Secretaría de Hacienda, entre enero y septiembre de 2026 los ingresos públicos cayeron 2.8% en términos reales frente al mismo periodo del año anterior. El componente petrolero fue el más golpeado, con una reducción de 21.5%, mientras que la recaudación tributaria apenas creció 0.7%, insuficiente para compensar la brecha. El gasto público se redujo marginalmente 0.4%, pero la mayor parte de su estructura está comprometida en rubros rígidos: las pensiones crecieron 5.0% y el servicio de la deuda continúa escalando. El resultado es un déficit presupuestario de 968.5 mil millones de pesos, un incremento real de 18.6% que amplía las necesidades de financiamiento soberano.
En el frente energético, la empresa petrolera estatal acumuló pérdidas por 38.8 mil millones de pesos en los primeros nueve meses del año, registrando resultados negativos en siete de los últimos diez periodos comparables. Paradójicamente, el precio promedio del crudo de exportación subió 30.5%, llegando a 81.4 dólares por barril, pero las exportaciones cayeron 29.4% porque una proporción creciente del petróleo se destina a refinación interna. La deuda financiera de la empresa se redujo 24.9% hasta 1.38 billones de pesos, su nivel más bajo desde 2014, pero ese saneamiento parcial se sostiene sobre transferencias del Gobierno Federal: 136.5 mil millones de pesos en el periodo analizado, con otros 81.1 mil millones previstos en el Paquete Económico 2027. Este modelo de soporte fiscal recurrente representa una presión estructural sobre el erario que los analistas de deuda soberana siguen de cerca.
La empresa eléctrica nacional, por su parte, reportó utilidades de 24.3 mil millones de pesos, pero esa cifra representa una caída de 80.6% respecto al mismo periodo de 2025. La explicación técnica apunta a la desaparición de ganancias cambiarias: pasaron de 96.9 mil millones de pesos a apenas 1.3 mil millones. Más relevante para el largo plazo es el crecimiento de su pasivo laboral, que aumentó 25.7% hasta 555.6 mil millones de pesos, superando ya su deuda financiera. Esta dinámica, donde las obligaciones pensionarias crecen más rápido que la capacidad operativa de generación de valor, es una señal de alerta que los estrategas de política energética y los analistas de riesgo soberano deberán incorporar en sus modelos de proyección fiscal para los próximos cinco años. Para México, el desafío no es solo estabilizar el déficit corriente, sino rediseñar la arquitectura financiera de sus empresas públicas antes de que las presiones laborales y de deuda converjan en un punto de inflexión difícil de revertir.



