Peso colombiano se aprecia tras definición electoral y estabilidad cambiaria persiste
El tipo de cambio ronda los $3,400 impulsado por el resultado electoral, flujo de remesas e interés inversor extranjero, con volatilidad en mínimos históricos recientes

Señales mixtas en el mercado cambiario colombiano marcan la jornada del 23 de junio de 2026: el dólar cerró con un promedio de $3,426.16, apenas $20.02 por encima de la Tasa Representativa del Mercado (TRM), fijada en $3,406.14. El volumen negociado superó los USD 1,585 millones, con una apertura en $3,450.00 y un máximo intradía de $3,452.80, según datos registrados por Entorno.
Detrás de esta relativa calma cambiaria operan factores tanto externos como internos. En el plano internacional, las conversaciones entre funcionarios de Estados Unidos e Irán sobre un posible acuerdo han generado incertidumbre en los mercados de energía, mientras que en el frente local se advierte sobre un posible fenómeno de El Niño de alta intensidad con implicaciones para infraestructura y abastecimiento. Pese a este entorno, la volatilidad actual del tipo de cambio se ubica en 8.42%, muy por debajo del referente histórico de 13.29%, lo que refleja un mercado con menor presión especulativa. Analistas del Banco de Occidente atribuyen esta estabilidad al interés sostenido de inversionistas extranjeros en mercados emergentes, precios internacionales del petróleo y un flujo robusto de remesas.
El factor determinante en el corto plazo ha sido político. Desde la victoria en primera vuelta de Abelardo de la Espriella en la elección presidencial, el peso colombiano se ha apreciado cerca de un 8%, la tasa de cambio ha convergido hacia los $3,400, la deuda pública se ha valorizado en promedio más de 176 puntos básicos y las acciones han subido aproximadamente 11%. David Cubides, economista jefe del Banco de Occidente, advierte que las definiciones políticas generan ajustes de corto plazo, pero subraya que la fortaleza institucional y una agenda económica percibida como favorable han amplificado estos movimientos positivos. Una tasa de cambio más contenida también actúa como ancla antiinflacionaria al reducir el costo de importación de bienes e insumos estratégicos para la producción nacional, un efecto que los equipos de planeación financiera corporativa deberán incorporar en sus proyecciones para el segundo semestre.

