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Economia

Conversión de residuos en energía: nuevas técnicas que redefinen la gestión de desechos

Investigadores universitarios demuestran que los desechos orgánicos e industriales pueden convertirse en biogás, fertilizantes y compuestos bioactivos con alto valor económico

Redaccion E30·6/7/2026
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Conversión de residuos en energía: nuevas técnicas que redefinen la gestión de desechos

Cada día, la Ciudad de México genera aproximadamente 12,500 toneladas de residuos sólidos, una cifra que refleja tanto la escala del problema como la magnitud de la oportunidad: esa misma materia descartada puede convertirse en biogás, biofertilizantes, pigmentos naturales y compuestos bioactivos con aplicaciones industriales. Especialistas de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) han desarrollado metodologías concretas para cerrar ese ciclo, posicionando a la institución como un referente en economía circular aplicada.

Uno de los enfoques más avanzados es la biodigestión anaerobia, proceso en el que microorganismos degradan materia orgánica en ausencia de oxígeno para producir biogás utilizable en generación de calor, además de biofertilizantes de alta calidad para el sector agrícola. En la Unidad Cuajimalpa, este modelo ya opera con estiércol porcino: el gas resultante calienta instalaciones pecuarias y el subproducto se reintegra como fertilizante, demostrando viabilidad técnica a escala piloto. Según datos del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, los residuos orgánicos representan entre 40% y 60% del total generado en ciudades latinoamericanas, lo que amplía considerablemente el potencial de replicación de este modelo.

En paralelo, investigadores de la UAM trabajan en la valorización de desechos agroindustriales mediante métodos físicos, químicos y biotecnológicos. De cáscaras de naranja, mango y plátano se extraen carbohidratos fermentables y compuestos antioxidantes; de la piel de jitomate se recuperan licopeno y carotenoides con aplicaciones en alimentos, cosmética y empaques biodegradables. También se exploran rutas para obtener ácidos orgánicos —como ácido propiónico y succínico— utilizados en la industria alimentaria. Este tipo de biorefinería de residuos responde a una tendencia global documentada por el Foro Económico Mundial, que estima que la economía circular podría generar 4.5 billones de dólares en valor económico a nivel global para 2030.

Más allá de los laboratorios, la UAM integra el ecodiseño y la medición de huella de carbono como ejes institucionales. La Unidad Cuajimalpa realiza evaluaciones periódicas de sus emisiones por consumo energético, operación y movilidad, mientras que en la Unidad Azcapotzalco se desarrollan estrategias para reducir el consumo innecesario y fomentar una cultura de sostenibilidad. Para los estrategas corporativos y tomadores de decisión, el modelo que construye la UAM ofrece un marco replicable: la transición de una lógica lineal de extracción-uso-descarte hacia sistemas cerrados donde el residuo es, en realidad, un insumo pendiente de procesar.

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