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Regulación climática europea: empresas logran extensión de plazos para reducir emisiones

La UE ralentiza el calendario de descarbonización industrial ante presión de estados miembros y sectores productivos

Reguladores europeos han presentado una revisión significativa de su política climática que extiende los plazos para que las empresas reduzcan sus emisiones de gases de efecto invernadero. Bajo las nuevas disposiciones del sistema de comercio de emisiones (ETS), ciertas industrias podrían mantener permisos de emisión hasta 2038 en lugar de

Redaccion E30·17/7/2026
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Regulación climática europea: empresas logran extensión de plazos para reducir emisiones

Reguladores europeos han presentado una revisión significativa de su política climática que extiende los plazos para que las empresas reduzcan sus emisiones de gases de efecto invernadero. Bajo las nuevas disposiciones del sistema de comercio de emisiones (ETS), ciertas industrias podrían mantener permisos de emisión hasta 2038 en lugar de 2034, siempre que se comprometan a realizar inversiones en iniciativas de descarbonización. Esta decisión representa un cambio de estrategia respecto al calendario más ambicioso establecido anteriormente y requiere aún la aprobación de los países y legisladores de la UE, proceso que podría extenderse durante aproximadamente un año.

La Comisión Europea argumenta que estos ajustes garantizarán alineación con el objetivo de reducir las emisiones de carbono en un 90% para 2040 comparado con niveles de 1990. Específicamente, se propone disminuir la tasa de reducción de los límites de emisión anuales a aproximadamente 3.7% a partir de 2031, y luego a 1.7% a partir de 2036, en comparación con el 4.3% actual. Además, se extendería la disponibilidad de permisos gratuitos hasta 2038, cuando originalmente se pretendía introducir un cargo fronterizo de carbono para ciertos sectores. Para facilitar la transición, la Comisión ofrecería el 80% de los permisos gratuitos por adelantado a las empresas que planeen invertir en descarbonización en Europa, reservando el 20% restante para después de que se realicen dichas inversiones.

Desde su introducción en 2005, el ETS ha sido la herramienta principal de la UE para la reducción de gases de efecto invernadero. Bajo este sistema, las industrias y plantas de energía en Europa deben adquirir un permiso por cada tonelada de dióxido de carbono que emiten, creando un incentivo financiero para invertir en tecnologías más limpias. Las empresas tienen la opción de comprar permisos adicionales o intercambiarlos, y algunas reciben permisos gratuitos para mantener su competitividad frente a empresas extranjeras que no enfrentan costos de carbono. Sin embargo, el esquema ha enfrentado críticas de varios estados miembros, siendo Italia una de las voces más críticas, señalando que actúa como un impuesto de facto que contribuye a mantener altos los precios de la energía.

La propuesta ha generado reacciones polarizadas entre actores políticos. Mientras algunos gobiernos como Polonia celebran el "ablandamiento" de la postura regulatoria como un éxito en negociaciones, políticos verdes advierten sobre riesgos climáticos. Miembros del Parlamento Europeo han manifestado que los planes podrían conducir a una "enorme contaminación climática" que comprometería la calidad de vida de futuras generaciones. Esta tensión refleja un debate más amplio sobre el equilibrio entre objetivos de descarbonización y competitividad industrial en un contexto donde Europa experimenta un calentamiento acelerado con mayor riesgo de olas de calor extremo más frecuentes y severas.

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