NEO
Economia

Manglares mexicanos pierden 27 mil hectáreas en cinco años: deterioro cualitativo supera pérdida de superficie

Estudio revela que aunque la reducción neta es del 3%, los manglares perturbados se multiplicaron por cinco, señalando estrés estructural en ecosistemas clave para mitigación climática

Manglares en México abarcan 877 mil 464 hectáreas distribuidas en 17 estados costeros, representando el 0.4 por ciento del territorio nacional. Este ecosistema, vital para la biodiversidad, la economía y la mitigación del cambio climático, se concentra principalmente en Quintana Roo, Campeche y Yucatán, que juntos albergan el 61.3 por

Redaccion E30·31/7/2026
Compartir:LinkedInXWhatsAppFacebook
Manglares mexicanos pierden 27 mil hectáreas en cinco años: deterioro cualitativo supera pérdida de superficie

Manglares en México abarcan 877 mil 464 hectáreas distribuidas en 17 estados costeros, representando el 0.4 por ciento del territorio nacional. Este ecosistema, vital para la biodiversidad, la economía y la mitigación del cambio climático, se concentra principalmente en Quintana Roo, Campeche y Yucatán, que juntos albergan el 61.3 por ciento de esta área.

Entre 2020 y 2025, México registró un retroceso de 27 mil 622 hectáreas de manglares, equivalente a una disminución del 3 por ciento. El análisis, realizado mediante imágenes satelitales de alta resolución y trabajo de campo, revela una dinámica espacial compleja: la reducción en superficie no implica necesariamente la desaparición total de estos ecosistemas. La nueva clasificación incluye manglares perturbados y aquellos que han migrado a zonas más altas como respuesta al aumento del nivel del mar, proporcionando una comprensión más profunda de la situación actual más allá de las cifras de cobertura.

El deterioro cualitativo es significativamente más preocupante que la pérdida neta de superficie. La extensión de manglares perturbados se multiplicó por más de cinco en este periodo, aumentando de 9 mil 680 hectáreas en 2020 a 52 mil 130 hectáreas en 2025. Este incremento indica que aunque algunos manglares mantienen su cobertura, presentan alteraciones estructurales y funcionales, como reducción de altura y densidad, así como estrés hídrico. Simultáneamente, se ha observado una disminución en el verdor de los manglares, especialmente en las regiones del Golfo de México y la península de Yucatán, posicionando a 2025 como el año con la mayor pérdida de la condición saludable de estos ecosistemas.

Geográficamente, el deterioro se ha concentrado en dos regiones clave: la península de Yucatán, con una pérdida de 23 mil hectáreas, y el Pacífico Norte, que ha visto un retroceso de 20 mil hectáreas. Todos los estados costeros han experimentado algún grado de deterioro. Veracruz perdió 1 mil 248 hectáreas, Tabasco 2 mil 179, Guerrero 1 mil 161, Oaxaca 1 mil 153 y Chiapas 1 mil 848. Campeche y Nayarit son los estados que han sufrido los mayores retrocesos, mientras que Quintana Roo y Veracruz han experimentado incrementos netos positivos. La restauración de cada hectárea dañada puede costar aproximadamente 70 mil pesos, lo que representa un desafío significativo para la conservación de este ecosistema.

Con 877 mil 464 hectáreas de manglares, México se posiciona entre los cuatro países con mayor extensión de este ecosistema a nivel global, constituyendo el 6 por ciento de la superficie mundial. Solo Indonesia, Brasil y Nigeria superan la extensión mexicana. Sin embargo, el estudio señala que hay estados costeros con escasa presencia de manglares, como Baja California, Michoacán, Jalisco y Colima, lo que refleja una distribución desigual del recurso en el territorio nacional.

La dinámica de cambio en manglares mexicanos refleja presiones complejas: cambios en regímenes hídricos, aumento del nivel del mar, contaminación y presión antropogénica. El fenómeno de migración hacia zonas más altas sugiere que algunos manglares responden adaptativamente al cambio climático, pero la velocidad de deterioro cualitativo supera la capacidad de recuperación natural. Para estrategas de conservación y planificadores territoriales, estos datos indican que métricas tradicionales de superficie pueden enmascarar dinámicas críticas de degradación funcional que requieren intervenciones diferenciadas por región y estado.

Sigue leyendo