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Recuperación de suelos agrícolas: de la extracción al balance de nutrientes

Expertos señalan que revertir el deterioro de suelos es posible pero requiere cambios inmediatos en prácticas de fertilización y manejo

Gestión adecuada del suelo es fundamental para desarrollar sistemas agrícolas resilientes ante el cambio climático. Especialistas en agronomía han señalado que, a pesar del deterioro actual, aún es posible revertir esta situación, aunque el cambio debe ser inmediato y estructural. Argentina, históricamente reconocida por sus suelos fértiles, enfrenta un balance

Redaccion E30·16/8/2026
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Recuperación de suelos agrícolas: de la extracción al balance de nutrientes

Gestión adecuada del suelo es fundamental para desarrollar sistemas agrícolas resilientes ante el cambio climático. Especialistas en agronomía han señalado que, a pesar del deterioro actual, aún es posible revertir esta situación, aunque el cambio debe ser inmediato y estructural.

Argentina, históricamente reconocida por sus suelos fértiles, enfrenta un balance negativo crítico en nutrientes esenciales. El país ha extraído aproximadamente 4.5 millones de toneladas de fósforo a través de cosechas sucesivas, afectando no solo la sustentabilidad agrícola sino también la productividad y la capacidad de secuestro de carbono del suelo. Aunque la reposición ha alcanzado alrededor del 60% en años recientes, esta cifra sigue siendo insuficiente. Argentina presenta una de las tasas más bajas de reposición de fósforo en la región, lo que impacta negativamente en la materia orgánica y la estructura del suelo, debilitando la resiliencia agrícola ante eventos climáticos extremos.

Para revertir este deterioro, expertos proponen un enfoque integral basado en cuatro dimensiones clave: definir qué nutriente, en qué dosis, en qué momento y de qué forma debe aplicarse. Esta metodología busca transformar la fertilización en una parte integral de la salud del suelo, más allá de ser solo una herramienta para incrementar rendimientos. Al aplicar estas cuatro dimensiones de manera conjunta, es posible aumentar la producción, mejorar la rentabilidad, fortalecer cultivos y pasturas, reducir pérdidas de nutrientes y optimizar el uso de recursos.

Desde una perspectiva complementaria, especialistas en salud del suelo enfatizan que el buen manejo genera resiliencia agrícola. Definen la salud del suelo como su capacidad para funcionar adecuadamente y cumplir con su propósito productivo y ambiental. Las prácticas recomendadas incluyen reducir la perturbación física del suelo, mantener raíces vivas el mayor tiempo posible, proteger la superficie, incorporar diversidad biológica e integrar el pastoreo rotativo.

Medir y comunicar los resultados de estas prácticas es crítico para escalar el cambio. Indicadores relevantes incluyen carbono orgánico, capacidad de retención de agua, potencial de mineralización del carbono y estabilidad de los agregados del suelo. Estos datos deben compartirse con productores, cadenas de suministro, responsables de políticas públicas e inversores para alinear incentivos. Aunque la expresión de la salud del suelo puede variar según el contexto agroecológico, todos los suelos tienen potencial para recuperarse si se implementan cambios inmediatos y sostenidos en el tiempo.

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