Robotaxis de próxima generación fabricados en China están ahora disponibles para pasajeros en San Francisco, Los Ángeles y Phoenix, marcando un punto de quiebre en la estrategia de movilidad autónoma estadounidense. El vehículo, basado en una arquitectura de manufactura china, representa una solución operativa a las barreras regulatorias y arancelarias que han bloqueado la venta directa de vehículos eléctricos chinos en el mercado estadounidense.

Los aranceles sobre vehículos eléctricos de origen chino alcanzan aproximadamente 127.5%, lo que ha hecho inviable la comercialización convencional de marcas como Zeekr, BYD u otros fabricantes chinos en concesionarios estadounidenses. Sin embargo, la adopción de estos vehículos como plataforma para robotaxis ha permitido sortear estas restricciones mediante una estrategia de importación masiva: más de 3,200 unidades han ingresado a través del Puerto de Los Ángeles desde 2024, con más de 2,600 llegadas únicamente en 2026. El modelo económico resulta viable porque el costo base del vehículo es competitivo, y la integración de sensores y tecnología autónoma propia reduce significativamente el impacto de los aranceles.

La regulación federal también ha moldeado esta decisión operativa. Una nueva norma del Departamento de Comercio de EE.UU., que entrará en vigor en 2027, prohibirá la conectividad y asistencia al conductor provenientes de China o Rusia. Para cumplir, estos vehículos han sido reconfigurados: llegan sin hardware de conectividad chino y reciben tecnología de sensores desarrollada en Estados Unidos. El ensamblaje final ocurre en Arizona mediante colaboración con proveedores especializados. Esta modificación preserva la estructura, batería y cabina del fabricante original, mientras que todos los sistemas de conducción autónoma son de origen estadounidense.

Diseño específicamente optimizado para operación sin conductor distingue esta plataforma de vehículos de pasajeros convencionales. El diseño incluye piso plano, altura de entrada baja y puertas tipo góndola en ambos lados para facilitar el acceso. El interior incorpora tres pantallas adaptables para control de ruta, música y clima, además de características de accesibilidad como etiquetas en braille. El sistema de percepción de sexta generación integra 13 cámaras, cuatro lidars y seis unidades de radar, representando una reducción del 42% en cantidad de sensores respecto a generaciones anteriores. El costo del hardware de conducción autónoma ha descendido a menos de $20,000 por vehículo, factor crítico para escalar operaciones rentables.

Esta estrategia refleja un cambio en cómo las barreras comerciales y regulatorias están siendo navegadas por operadores de tecnología de movilidad. En lugar de competir en el mercado de venta de vehículos—donde las restricciones arancelarias son prohibitivas—, la adopción de modelos de servicio de transporte compartido sin conductor permite la utilización de plataformas manufacturadas en China bajo un marco regulatorio diferente. Actualmente, la flota operativa supera los 1,000 vehículos, con expansión acelerada en mercados clave. La disponibilidad para usuarios generales marca el inicio de operaciones comerciales con esta plataforma, permitiendo que millones de estadounidenses experimenten tecnología automotriz china que de otro modo permanecería inaccesible en el mercado de consumo directo.