Fondos cotizados en bolsa (ETFs) activamente gestionados están capturando una proporción creciente de flujos de capital, transformando una categoría históricamente asociada con la inversión pasiva. En el primer trimestre, inversionistas inyectaron $245.2 mil millones en ETFs activos en Estados Unidos, estableciendo nuevos récords. Este ritmo se ha acelerado, con casi $63.6 mil millones en nuevos activos durante el mes más reciente, alcanzando un total de $466.8 mil millones en lo que va del año—casi el doble del ritmo de $263 mil millones registrado en el mismo período del año anterior.

Esta reconfiguración de preferencias de inversión refleja un cambio fundamental en cómo los gestores de activos abordan la competencia en el mercado de fondos. Durante décadas, los ETFs fueron percibidos como una amenaza directa a los fondos mutuos activos tradicionales, gracias a su capacidad de negociación intradía, eficiencia fiscal y estructuras de costos más bajas. Sin embargo, los gestores de activos han comenzado a integrar estrategias de gestión activa dentro de la estructura de ETFs, aprovechando las ventajas operacionales de estos vehículos para revitalizar la gestión activa. Este movimiento representa una convergencia estratégica: combina la flexibilidad y los beneficios de los ETFs con la capacidad de generación de valor de la gestión activa.

Las implicaciones para el panorama competitivo son sustanciales. Grandes gestores de activos globales están expandiendo significativamente sus ofertas de ETFs activos, buscando capturar flujos que históricamente se dirigían hacia fondos mutuos activos o inversión directa en acciones. Para inversores institucionales y de retail en mercados emergentes como México y América Latina, esta tendencia señala una transformación en cómo acceder a gestión activa profesional—potencialmente con menores costos y mayor flexibilidad que los modelos tradicionales. Este cambio también plantea desafíos competitivos para gestores de activos especializados que no han adaptado rápidamente sus estrategias a este nuevo entorno, donde la estructura del producto se ha convertido en un factor diferenciador tan importante como la capacidad de gestión subyacente.