Transacciones con tarjeta de crédito superan al efectivo en frecuencia de uso. En 2025, los consumidores estadounidenses realizan un promedio de 47 pagos mensuales, de los cuales 16 corresponden a tarjeta de crédito, 15 a débito y solo seis a efectivo. Esta distribución contrasta radicalmente con 2016, cuando el efectivo dominaba con 14 transacciones mensuales frente a 12 de débito y ocho de crédito. El cambio refleja una aceleración en la digitalización de pagos que ya venía gestándose, pero que ahora se consolida como modelo dominante.
La discontinuación de la producción de centavos por la Casa de la Moneda estadounidense marca el punto de inflexión institucional. Desde la última emisión en noviembre, 20 estados han legalizado el redondeo en efectivo, y otros evalúan medidas similares. Un proyecto de ley bipartidista en el Congreso propone un marco federal que autoriza a comerciantes a redondear transacciones al centavo más cercano cuando no pueden proporcionar cambio exacto. El mecanismo de redondeo opera así: hacia abajo para totales terminados en 1, 2, 6 o 7 centavos; hacia arriba para 3, 4, 8 o 9 centavos. Aunque la iniciativa ha avanzado en ambas cámaras, persisten diferencias técnicas que retrasan su aprobación final, generando incertidumbre operativa para comerciantes.
Paralelamente, los establecimientos implementan recargos por transacciones con tarjeta de crédito para compensar costos de procesamiento. Desde 2013, Visa y Mastercard permiten estos recargos en crédito, aunque no en débito. Las tarifas de intercambio representan un costo estructural significativo: alcanzaron 2.35% del precio de compra en 2024, frente a 2.02% en 2010. Este incremento de 33 puntos base en 14 años refleja la presión creciente sobre márgenes minoristas y la migración de costos hacia el consumidor final.
Para líderes empresariales en México y América Latina, estas transformaciones estadounidenses señalan trayectorias probables. La eliminación del efectivo físico de bajo valor acelera la adopción de billeteras digitales y pagos móviles. Simultáneamente, la traslación de costos de procesamiento a consumidores mediante recargos diferenciados por método de pago fragmentará la experiencia de compra y requerirá comunicación clara sobre estructuras de precios. Organizaciones que anticipen estas dinámicas—mediante integración de múltiples métodos de pago, transparencia en costos y optimización de flujos de caja—mantendrán ventaja competitiva en mercados en transición hacia economías sin efectivo.



