Bares, cantinas y hoteles en México experimentan un repunte en la confianza empresarial, aunque con reservas significativas sobre la sostenibilidad de esta mejora sin intervenciones fiscales más profundas. Según encuestas del sector, el 37% de los negocios percibe decisiones gubernamentales favorables hacia la hospitalidad, comparado con apenas el 18% antes de las políticas anunciadas. Este cambio refleja un "rebote de confianza" que, sin embargo, convive con preocupaciones estructurales sobre la viabilidad operativa de la industria.
La carga tributaria emerge como el principal factor limitante del crecimiento sectorial. El 75% de los encuestados identifica los impuestos como la barrera más significativa para la expansión, siendo el IVA el punto crítico de fricción. Los propietarios de establecimientos argumentan que las medidas implementadas hasta ahora han sido insuficientes para contrarrestar la presión de costos operativos en aumento, particularmente en energía, insumos y nómina. La inestabilidad política fue mencionada por el 37% de los participantes como factor secundario de preocupación, indicando que la confianza empresarial sigue siendo frágil.
Representantes del sector han presentado una demanda articulada que va más allá de ajustes puntuales. Solicitan una reducción del IVA del 20% al 10%, alineándose con tasas aplicadas en varios países europeos, acompañada de una reforma integral de tasas comerciales y contribuciones al seguro social patronal. Más de 330,000 ciudadanos han respaldado formalmente esta petición. Sin embargo, analistas advierten que una reducción de IVA podría beneficiar desproporcionadamente a grandes cadenas multinacionales, generando debates sobre la equidad distributiva de cualquier política tributaria.
Más allá de la demanda inmediata de alivios fiscales, el sector plantea una pregunta estratégica más amplia: si la hospitalidad es considerada motor de empleo y desarrollo económico regional, ¿qué modelo tributario es compatible con su crecimiento sostenible? Esta pregunta trasciende la negociación sectorial y toca decisiones macroeconómicas sobre prioridades de política fiscal. La ventana de optimismo actual podría convertirse en punto de inflexión para reformas estructurales o, en su ausencia, en desencanto empresarial renovado.



