Congestión sin precedentes afecta la operación del Canal de Panamá, con 127 buques en espera para transitar por la vía interoceánica, cifra que supera en 41% el promedio histórico de 90 embarcaciones. Del total, 109 barcos cuentan con reserva confirmada y 18 han llegado sin fecha asegurada para su cruce, generando un cuello de botella logístico que replica los niveles críticos registrados durante la sequía de 2023.
Esta congestión refleja cambios estructurales en las rutas comerciales globales. Según análisis de BIMCO, los tránsitos por el Canal han aumentado 8% en los primeros meses del año, alcanzando un promedio de 38 transbordos diarios, mientras que los tiempos de espera crecieron 50% hasta rondar las 47 horas. El fenómeno está directamente vinculado a alteraciones geopolíticas en Medio Oriente que han desviado flujos de energía: la inestabilidad en la región ha impulsado un aumento significativo en el transporte de petróleo y gas desde Estados Unidos hacia mercados asiáticos a través de Panamá, reposicionando la ruta como alternativa estratégica a los corredores tradicionales del Índico.
La presión sobre la capacidad se traduce en comportamientos extremos en el mercado de subastas voluntarias. Una naviera surcoreana ofreció 5.3 millones de dólares para que un buque tanque cruce el Canal en dirección norte, superando el récord anterior de 4.6 millones registrado semanas antes. Para las empresas navieras, estos desembolsos resultan económicamente racionales: mantener una embarcación detenida durante los 11 días de espera promedio genera costos superiores en combustible, tripulación, alquileres y penalizaciones contractuales, además de comprometer entregas en puertos de destino. La Autoridad del Canal de Panamá ha precisado que estos montos no representan incrementos en los peajes oficiales, sino competencia pura entre operadores en un mercado de capacidad limitada.
Esta dinámica expone vulnerabilidades estructurales en la cadena de suministro global. La dependencia de un único corredor para flujos críticos de energía entre continentes amplifica el impacto de disrupciones geopolíticas y climáticas. Para las navieras y cargadores, la congestión del Canal plantea decisiones estratégicas sobre rutas alternativas, inversión en flota más eficiente y renegociación de contratos de transporte, mientras que para Panamá genera presión regulatoria sobre la gestión de capacidad y la equidad en el acceso a la vía.



