Precios del petróleo experimentaron incrementos significativos durante la semana, alcanzando 96.28 dólares por barril para el Brent y 91.48 dólares para el West Texas Intermediate (WTI), impulsados por la intensificación de tensiones geopolíticas en Oriente Medio. Durante los últimos cinco días de operaciones, el Brent experimentó un alza cercana al 8%, mientras que el contrato de noviembre en Londres subió un 0.80% el viernes, reflejando una ganancia semanal del 7.80% respecto a cotizaciones por debajo de los 90 dólares registradas una semana antes.

La volatilidad responde directamente a preocupaciones sobre la continuidad del tránsito de crudo a través del estrecho de Ormuz, un corredor estratégico por donde circula aproximadamente el 20% del petróleo mundial. Analistas del sector advierten que, aunque la escalada de tensiones está impulsando los precios al alza, este movimiento podría perder tracción si los envíos de buques petroleros continúan sin interrupciones. La estabilidad del tránsito se considera un factor crítico para determinar la trayectoria de precios en el corto plazo, en un contexto donde la visibilidad sobre los flujos reales de petróleo permanece opaca.

Desde una perspectiva de gestión de riesgos corporativos, la volatilidad actual en mercados energéticos refleja un patrón recurrente: eventos geopolíticos generan primas de riesgo que tienden a disiparse cuando la realidad operativa demuestra continuidad en suministros. Tomadores de decisiones en sectores dependientes de energía, como manufactura, transporte y petroquímica, deben monitorear dos indicadores clave: primero, los informes de oferta y demanda globales que se publicarán en las próximas semanas; segundo, cualquier señal concreta de interrupción física en el estrecho de Ormuz. Hasta que no se materialicen disrupciones reales, los precios tenderán a oscilar entre máximos impulsados por el miedo y correcciones cuando prevalezca la racionalidad de mercado.