Municipios ubicados en zonas de recarga acuífera se han convertido en activos estratégicos para la supervivencia hídrica de metrópolis de más de 20 millones de habitantes. En el caso de la Zona Metropolitana del Valle de México (ZMVM), que agrupa a casi 23 millones de habitantes en 917,877.87 hectáreas con una densidad de 2,479 personas por kilómetro cuadrado, la incorporación de territorios con bosques nativos responde a una lógica funcional: reconocer que el ciclo del agua no respeta fronteras administrativas.

Daniel Pérez Torres, académico de la Facultad de Arquitectura de la Universidad Nacional Autónoma de México, describe estos territorios como "bosques de agua" debido a su función en la infiltración natural y recarga de acuíferos. Los bosques actúan como filtros naturales que permiten que el agua de lluvia penetre en el subsuelo, alimentando los depósitos subterráneos de los que depende el abastecimiento metropolitano. Esta función hidrológica es particularmente crítica en regiones donde la demanda hídrica supera la recarga natural y donde sistemas externos como el Sistema Cutzamala complementan el suministro local.

La redefinición de límites metropolitanos para incluir estas áreas de recarga representa un cambio conceptual en la gobernanza urbana: pasar de fronteras político-administrativas a cuencas hidrológicas funcionales. Pérez Torres subraya que una metrópoli se define por las interacciones que ocurren más allá de los límites gubernamentales—desplazamientos diarios por trabajo, educación y servicios de salud—, y el agua es quizás el desafío más crítico que exige coordinación entre entidades. La nueva delimitación metropolitana, formalizada en el Diario Oficial de la Federación, incluye 84 demarcaciones: 16 alcaldías de la capital, 59 municipios del Estado de México, ocho de Hidalgo y territorios de Morelos.

Esta integración facilita la implementación de medidas coordinadas para proteger los recursos naturales, combatir la tala clandestina y establecer políticas de conservación que trasciendan las decisiones locales. Las autoridades de las cuatro entidades involucradas reconocen que el manejo del agua requiere gobernanza colaborativa: las decisiones tomadas en territorios de recarga impactan directamente en la salud de los ecosistemas y las fuentes de abastecimiento de toda la región. La cuenca del Valle de México depende simultáneamente de acuíferos locales y de fuentes externas, lo que resalta la urgencia de una gestión integrada que considere tanto la recarga como la demanda en un sistema hídrico interconectado.