Mercados de valores en América Latina han demostrado patrones de contención durante recesos bursátiles globales, evidenciando comportamientos predecibles en ciclos de baja liquidez internacional. Cuando las bolsas estadounidenses cierran por feriados, los índices locales típicamente registran movimientos moderados, reflejando la ausencia de referencias de precios en mercados centrales y un ambiente de cautela generalizado.
En Buenos Aires, el índice S&P Merval experimentó una caída del 0.5% en pesos, alcanzando los 3,034,599 puntos, con valores como IRSA y Banco Macro disminuyendo 2.3% y 2.1% respectivamente. YPF registró un incremento del 0.2%, impulsado por alzas en el precio del petróleo que alcanzó los 97 dólares por barril en contratos de noviembre, su máximo desde julio. Los bonos soberanos en dólares presentaron una baja promedio de 0.1%, reflejando la contención de movimientos durante períodos de baja actividad internacional.
El indicador de riesgo país se mantuvo sin cambios en 490 puntos básicos, por debajo de los 500 puntos básicos de la semana anterior. Análisis de entidades financieras sugieren que el mercado podría estar sobreestimando el riesgo político, ya que los fundamentos macroeconómicos no han deteriorado lo suficiente como para justificar tal cautela. El calendario electoral introduce nuevos condicionantes en la evaluación del riesgo, mientras que la recuperación del mercado laboral, el impulso al crédito y la construcción de acuerdos que sostengan reformas estructurales emergen como factores clave para mantener la confianza de inversores en mercados emergentes durante períodos de incertidumbre política.
Sin embargo, se observa un aumento en el uso de aplicaciones para obtener préstamos, reflejando presiones financieras en segmentos de la población. Este fenómeno contrasta con señales de recuperación en otros indicadores económicos, sugiriendo una distribución desigual de los beneficios de la estabilización macroeconómica en curso. Esta brecha entre indicadores agregados y comportamiento de consumidores de menor capacidad financiera plantea interrogantes sobre la sostenibilidad de la confianza en mercados emergentes si las reformas estructurales no logran ampliar la base de beneficiarios de la recuperación.



