Perú ha ascendido al puesto 25 en el ranking de reputación de economías a nivel global, según el estudio RepCore® Nations 2026 de Reputation Lab, que evalúa la percepción de 60 economías. Este avance de dos posiciones respecto a 2025 posiciona al país por encima de Chile (puesto 33), México (41) y Colombia (50) en la región latinoamericana, con una puntuación de 53.2 puntos, superando en 3.3 puntos el promedio de las economías analizadas.

El fenómeno es particularmente relevante considerando que 43 de las 60 economías evaluadas experimentaron disminución en sus indicadores de reputación durante el mismo período. Este contexto de contracción global amplifica el desempeño de Perú, que logró mejorar simultáneamente en percepción externa y valoración interna. Entre audiencias del G7 (Estados Unidos, Canadá, Reino Unido, Francia, Alemania, Italia y Japón), Perú mantiene el primer lugar latinoamericano en opinión pública, dato relevante considerando que estos mercados concentran el poder adquisitivo y decisiones de inversión extranjera directa.

La metodología de RepCore® Nations se diferencia de índices tradicionales por no medir indicadores económicos, seguridad o desempeño gubernamental, sino la reputación como constructo de percepción: confiabilidad, atractivo turístico, oportunidades de inversión, patrimonio cultural, calidad de productos y percepción de hospitalidad. Los atributos que impulsan la valoración de Perú se concentran en factores intangibles: diversidad natural, patrimonio cultural, oferta gastronómica y percepción de ciudadanos como personas amables. Estos elementos generan disposición en audiencias extranjeras para visitar el país, recomendarlo y adquirir productos de origen peruano, tres variables directamente correlacionadas con flujos de turismo, exportaciones y atracción de capital.

Un indicador de particular relevancia estratégica es el crecimiento en valoración interna: ciudadanos peruanos otorgaron 70.4 puntos al país, el mayor incremento del estudio con un aumento de 7.7 puntos. Esta métrica sugiere alineamiento entre percepción externa e identificación interna, fenómeno que investigaciones de marca país demuestran como precursor de sostenibilidad en reputación internacional. Cuando la autovaloración ciudadana crece, tiende a reforzarse en narrativas públicas, comunicaciones comerciales y comportamientos de recomendación que amplifican la percepción externa.

Desde perspectiva de estrategia corporativa y atracción de inversión, este posicionamiento reputacional opera como activo intangible diferenciador. Empresas multinacionales evalúan no solo fundamentales macroeconómicos sino también riesgo reputacional país y percepción de marca asociada a origen geográfico. Un ranking de reputación elevado reduce fricción en negociaciones comerciales internacionales, mejora términos de financiamiento y facilita premium de precio en categorías donde origen es factor de decisión (alimentos, bebidas, textiles, servicios de experiencia).

La sostenibilidad de este posicionamiento dependerá de consistencia en atributos que lo generan: conservación de patrimonio natural, inversión en infraestructura cultural y turística, y cadenas de valor que preserven estándares de calidad y autenticidad. Economías que han escalado en reputación internacional tienden a enfrentar presión de mantener narrativa consistente; desalineamientos entre promesa reputacional y realidad operativa generan correcciones abruptas en percepción.