Estudiantes y académicos de la Universidad San Andrés de Guanajuato han convertido un automóvil de combustión interna en un vehículo eléctrico funcional, en un proyecto que ilustra con claridad hacia dónde se dirige la industria automotriz en México. La iniciativa, desarrollada en tres meses, no se limitó al reemplazo del motor: el equipo restauró el chasis, la carrocería y los interiores del vehículo donado para la conversión.
Desde una perspectiva técnica, el resultado es relevante: el auto opera con un módulo de baterías de 96 voltios y un controlador de energía que permite una carga completa en hora y media, con una autonomía de entre 100 y 150 kilómetros y una velocidad máxima de entre 100 y 120 km/h. Juan Manuel Velázquez, coordinador del proyecto, señaló que la eliminación de verificaciones, cambios de aceite y mantenimientos periódicos representa una ventaja operativa concreta, además del impacto en la reducción de emisiones locales. El vehículo será utilizado como auto escuela, un caso de uso que maximiza su ciclo de vida útil.
Más allá del prototipo, la apuesta estratégica del grupo es escalar: el objetivo declarado es establecer una industria regional de conversión de vehículos de gasolina a eléctricos, apoyada en alianzas con empresas privadas que abrirán espacios de práctica profesional para los estudiantes. En un contexto donde el Foro Económico Mundial proyecta que los vehículos eléctricos representarán más del 40% de las ventas globales antes de 2030, iniciativas como esta en Guanajuato —estado con fuerte tradición automotriz— apuntan a una reconversión productiva que podría generar empleos calificados y posicionar a México en la cadena de valor de la electromovilidad. Entorno ha documentado este tipo de proyectos como parte del seguimiento a la transformación industrial en el Bajío.