Frente a líderes sindicales, empresarios, académicos y representantes de organismos internacionales reunidos en el Vaticano, el Papa León XIV lanzó un mensaje que interpela directamente a quienes toman decisiones económicas y tecnológicas en el continente americano: el desarrollo actual no puede permitirse generar nuevas ruinas sociales. El llamado se produjo durante el cierre del IV Encuentro Sinodal Fratelli Tutti: Diálogo Socio-Ambiental Norte-Sur, celebrado en Roma, un espacio que desde hace cinco años busca tender puentes entre la Iglesia, los movimientos populares y el mundo empresarial.
Entre los asistentes a la audiencia en el Palacio Apostólico figuraron dirigentes de la Confederación General del Trabajo (CGT), representantes del Consejo de Administración de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), la presidenta del Consejo Sindical de Asesoramiento Técnico de la OEA, el presidente de la Organización Internacional de Empleadores (OIE) y delegados de bancos regionales de desarrollo. La delegación argentina llevó además un informe de diagnóstico de más de 60 páginas sobre el deterioro social y económico del país, entregado directamente al Sumo Pontífice. El encuentro fue organizado en colaboración con el Consejo Episcopal Latinoamericano y Caribeño (CELAM), la Pontificia Comisión para América Latina y la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos (USCCB), con antecedentes en Washington y Bogotá.
El discurso papal, pronunciado en español e inglés, abordó uno de los debates más urgentes para el C-Level global: el rol de la inteligencia artificial y la tecnología en la reconfiguración del trabajo y la sociedad. León XIV fue explícito al señalar que la pregunta central no es si adoptar o rechazar determinadas herramientas, sino definir 'qué humanidad queremos construir y qué lugar tendrá cada persona en ella'. Para los estrategas corporativos y líderes de innovación, este encuadre no es menor: sitúa la gobernanza tecnológica como una decisión ética y política, no solo operativa. El Papa reivindicó además la lógica de la subsidiariedad —principio que distribuye la toma de decisiones al nivel más cercano posible a las personas afectadas— como marco para un desarrollo más equitativo. En un contexto donde el Foro Económico Mundial advierte que la automatización podría desplazar 85 millones de empleos hacia 2025, el llamado a una 'responsabilidad compartida' entre empresas, sindicatos, gobiernos e instituciones adquiere una dimensión estratégica que va más allá del discurso moral.