Economías que históricamente han sostenido sectores de baja productividad mediante subsidios y protecciones arancelarias enfrentan hoy una disyuntiva estructural: perpetuar ese modelo o asumir los costos de transición hacia una asignación de recursos guiada por el mercado. Entorno analiza este proceso a partir del caso argentino, donde la retirada progresiva de mecanismos de protección está reconfigurando la estructura productiva del país, con implicaciones que trascienden sus fronteras y ofrecen señales relevantes para México y el resto de América Latina.

El marco teórico que mejor explica esta dinámica fue formulado hace más de siete décadas por el economista Simon Kuznets, cuya hipótesis —representada por una curva en forma de U invertida— establece que la desigualdad tiende a aumentar en las fases iniciales de una transformación económica, para luego reducirse conforme los beneficios de la nueva estructura productiva se distribuyen entre capas más amplias de la población. La razón es estructural: no todos los trabajadores pueden migrar simultáneamente hacia sectores de mayor productividad. Existen barreras de habilidades, geografía, acceso a crédito e información que determinan quién transita primero y quién permanece temporalmente en actividades tradicionales de menor valor agregado. En un mercado laboral competitivo, el salario tiende a converger con el valor del producto marginal del trabajo; cuando esa convergencia se generaliza, la presión alcista sobre los ingresos impulsa el consumo y, en última instancia, la producción agregada.

Para los tomadores de decisiones en el C-Level y los estrategas de política pública, la lectura prospectiva de este fenómeno es clara: la discusión deja de centrarse en cómo redistribuir una torta de tamaño fijo y se desplaza hacia cómo maximizar ese tamaño. Eso implica aceptar que la desigualdad puede ser un síntoma transitorio —no necesariamente un fracaso— de una transformación bien gestionada, siempre que existan mecanismos que aceleren la movilidad laboral: formación de habilidades, infraestructura de conectividad y acceso a financiamiento para los segmentos rezagados. El riesgo, como advierte Entorno, es que la transformación se detenga a mitad del camino, cristalizando la desigualdad en su punto más alto sin alcanzar la fase de convergencia que la teoría de Kuznets promete.