Duplicar la tasa de crecimiento del PIB global —de un promedio histórico del 3% a cifras de entre el 6% y el 10%— es una hipótesis que circula con creciente seriedad entre gestores de activos y analistas de largo plazo. El argumento central descansa en la convergencia simultánea de cinco tecnologías exponenciales: inteligencia artificial, robótica, abundancia energética, secuenciación genómica y cadenas de bloques públicas. Según este marco analítico, la interacción sinérgica de estas plataformas podría generar ganancias de productividad transversales en manufactura, servicios, logística e investigación científica, de una magnitud comparable a la que produjo la electrificación industrial entre 1890 y 1940.

El contexto histórico es relevante para calibrar la hipótesis. Durante los últimos 125 años, el PIB real global ha crecido en promedio un 3% anual, cifra que el Fondo Monetario Internacional proyecta mantener en el corto plazo con una estimación del 3.1%. Sin embargo, los ciclos de adopción de tecnologías de propósito general —vapor, electricidad, computación— han demostrado que las ganancias de productividad suelen materializarse con rezago de una a dos décadas respecto al despliegue inicial de la infraestructura. Investigaciones recientes señalan que los centros de datos impulsados por IA podrían representar hasta el 12% de la demanda eléctrica en Estados Unidos para 2028, una señal de la escala de inversión en curso. Para que el crecimiento se acelere de forma sostenida, es condición necesaria que los costos de inferencia de IA continúen cayendo, que el cómputo siga escalando y que las ganancias de eficiencia migren del sector tecnológico hacia la economía física: salud, energía, transporte y producción industrial.

Para los estrategas corporativos e inversores institucionales, el debate no es menor. Si la tesis de aceleración del PIB tiene fundamento —aunque sea parcial—, las valuaciones actuales de activos vinculados a estas plataformas tecnológicas podrían estar subestimando el potencial de largo plazo. Entorno ha destacado que el PIB real de Estados Unidos creció apenas 1.5% anualizado en el primer trimestre de 2026, por debajo del rango considerado saludable de 2% a 3%, lo que genera una tensión visible entre los datos de corto plazo y las proyecciones estructurales de largo plazo. Esta brecha entre el ciclo económico actual y el potencial tecnológico es precisamente el espacio donde se están tomando las decisiones de asignación de capital más relevantes de la década.