Convertir unidades de transporte ya operativas en vehículos de combustión mixta diésel-gas natural comprimido (GNC) emerge como una vía pragmática para avanzar en la descarbonización del transporte urbano sin esperar la renovación total del parque automotor. Esta estrategia, conocida como 'dual fuel', está siendo evaluada en condiciones reales en el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA), donde unidades habilitadas recorren líneas activas para medir su desempeño en entornos operativos cotidianos.

El sistema funciona mediante un módulo electrónico que introduce gas natural en la mezcla de aire que ingresa al motor diésel, sin alterar la configuración original de inyección. En condiciones de velocidad constante, el reemplazo de gasoil puede alcanzar hasta el 50%; en entornos urbanos con paradas frecuentes, el promedio oscila entre el 25% y el 30%. Un atributo clave del diseño es su resiliencia operativa: si se interrumpe el suministro de GNC, el vehículo continúa funcionando exclusivamente con diésel, eliminando el riesgo de corte de servicio. Las pruebas actuales se realizan sobre chasis Mercedes-Benz, plataforma dominante en el transporte colectivo argentino, lo que amplía el universo de unidades potencialmente convertibles.

Desde una perspectiva de economía de flota, la conversión representa una alternativa significativamente menos costosa que la adquisición de vehículos nuevos a GNC o híbridos eléctricos. El retorno de inversión estimado se sitúa entre 6 y 13 meses según las condiciones operativas de cada línea, un horizonte atractivo para operadores que enfrentan restricciones presupuestarias. Considerando que el parque de transporte urbano se renueva de forma natural a un ritmo de entre el 7% y el 10% anual, la conversión de unidades existentes puede acelerar el incremento del consumo de gas natural a corto plazo, funcionando como puente tecnológico mientras madura la infraestructura de abastecimiento de GNC. Para los estrategas del sector energético y de movilidad, este modelo ilustra cómo la transición energética no siempre requiere reemplazos totales: en mercados con parques vehiculares envejecidos y recursos limitados, la retrofitización inteligente puede generar impacto ambiental y económico de forma más inmediata que las apuestas exclusivas por tecnologías de nueva generación.