Panamá emerge como una plataforma estratégica para la inversión productiva orientada al mercado estadounidense, luego de quedar excluido del esquema de aranceles adicionales implementado por Washington. Desde el 24 de julio, los bienes panameños evitan recargos de entre 10% y 12.5% que afectan a otras economías de la región, una diferencia que, en sectores sensibles al precio como la agroindustria, puede determinar la elección de proveedores y redefinir cadenas de suministro. Estados Unidos concentra el 18% de las exportaciones panameñas de bienes, lo que convierte esta ventaja en un factor con impacto directo sobre la competitividad del país.

Entre los productos que ya tienen presencia en el mercado estadounidense y que podrían ampliar su penetración bajo estas condiciones se encuentran el azúcar de caña, pescado, mariscos, banano, sandía, café, papaya y alimentos procesados como vinagre, salsas y pastas. El Tratado de Promoción Comercial vigente entre ambas naciones permite que varios de estos bienes accedan con arancel del 0%, lo que refuerza su posición frente a competidores regionales sujetos al nuevo gravamen. En el competitivo segmento de supermercados estadounidenses, donde el precio incide directamente en las decisiones de compra, esta diferencia puede traducirse en mayor participación de mercado o en márgenes comerciales más amplios para los actores de la cadena de suministro.

Más allá del comercio tradicional, la exención arancelaria se convierte en un argumento de atracción de inversión extranjera directa. Empresas internacionales que evalúan estrategias de nearshoring —producir cerca del mercado de destino para reducir costos logísticos y comerciales— encuentran en Panamá una combinación difícil de replicar: acceso preferencial al mercado estadounidense, infraestructura logística de primer nivel y un marco de acuerdo comercial consolidado. Para los estrategas corporativos y los tomadores de decisión de inversión, el escenario actual sugiere una ventana de oportunidad que podría acelerarse si las tensiones arancelarias globales se prolongan más allá de los ciclos políticos inmediatos.