Investigaciones históricas recientes han puesto en evidencia que el sistema financiero británico —incluyendo algunas de sus instituciones más emblemáticas— fue construido, en parte sustancial, sobre la riqueza generada por el comercio transatlántico de personas esclavizadas. El Dr. Michael Bennett, de la Universidad de Sheffield, documentó que 24 directores de una de las instituciones financieras más influyentes de Gran Bretaña estuvieron involucrados en este comercio: cuatro de ellos fueron figuras fundacionales en 1694, mientras que los 20 restantes ocuparon cargos directivos durante el siglo siguiente. Al menos 30 suscriptores fundadores también invirtieron en el tráfico transatlántico, incluyendo a los monarcas de la época, quienes poseían acciones en la Royal African Company.
Este entramado no se limitó a inversiones pasivas. Figuras como Christopher Puller fueron co-propietarios de expediciones que trasladaron personas esclavizadas desde África occidental hasta el Caribe, mientras que otros directores participaron simultáneamente en corporaciones como la South Sea Company. Según Bennett, "los comerciantes de esclavos y su riqueza estaban firmemente arraigados en los bancos privados y corporaciones financieras de Gran Bretaña, especialmente de Londres, durante los siglos XVII y XVIII". El sistema financiero no fue un observador neutral: proporcionó los servicios de crédito, seguros y liquidez que hicieron posible y rentable la economía esclavista a escala industrial.
El archivo Legados de la Esclavitud Británica complementa este panorama al documentar que 16 ex gobernadores y 26 directores de instituciones financieras clave tenían intereses directos en la propiedad de personas esclavizadas antes de la abolición formal en 1833. Más significativo aún: cuando se aprobó la legislación abolicionista, el Estado británico destinó el equivalente a 20 millones de libras esterlinas en compensaciones —no a quienes habían sido esclavizados, sino a sus propietarios. Este dato reencuadra el debate contemporáneo sobre reparaciones históricas y responsabilidad corporativa, un tema que cobró nueva urgencia tras las protestas globales de 2020 y que hoy interpela directamente a los consejos de administración de las instituciones financieras que heredaron ese capital fundacional.