Sequía en El Salvador: estrategias ganaderas ante la crisis climática

Brigadas veterinarias desplegadas por la Dirección General de Ganadería de El Salvador han atendido a más de 125,000 animales mediante desparasitación, suministro de vitaminas y sueros, como respuesta directa a los efectos de una prolongada sequía meteorológica que afecta al sector pecuario nacional. La intervención ha beneficiado a más de 30,000 ganaderos distribuidos en las regiones más vulnerables del país, donde la reducción del crecimiento de pastos y la pérdida de follaje han comprometido severamente la alimentación del ganado.

Para identificar con precisión las zonas de mayor riesgo, las autoridades agropecuarias han integrado el Monitoreo Inteligente de la Red Agropecuaria (MIRA), una herramienta tecnológica que permite localizar áreas con sequía moderada y extrema. Este enfoque de datos aplicado a la gestión ganadera representa una señal de madurez institucional en la respuesta a fenómenos climáticos recurrentes. Paralelamente, el sector cañero ha contribuido con más de 16,000 toneladas de bagazo destinadas a la alimentación del ganado, especialmente en la región oriental, donde la ausencia de precipitaciones ha sido más pronunciada. Esta articulación público-privada ilustra un modelo de respuesta colaborativa ante emergencias agroclimáticas que otros países de la región podrían replicar.

Más allá de la atención de emergencia, las autoridades han anunciado medidas estructurales orientadas a reducir la vulnerabilidad del sector ganadero ante futuras sequías. Entre ellas destaca la creación de un banco de pastos en la región oriental, con variedades como brizantha, caimán, cuba 22 y mula, diseñado para garantizar disponibilidad forrajera en períodos críticos. Este tipo de infraestructura verde, respaldada por organismos como la FAO como parte de estrategias de adaptación climática, apunta a transformar la respuesta reactiva en resiliencia sistémica. Para los estrategas del agronegocio y los inversores en cadenas de valor pecuarias en Centroamérica, la combinación de tecnología de monitoreo, alianzas sectoriales y bancos de germoplasma forrajero configura un modelo de gestión climática que ganará relevancia conforme se intensifiquen los ciclos de sequía proyectados para la región en la próxima década.