Cuatro de cada diez hogares en Costa Rica viven en casas deterioradas o en condiciones regulares. En Costa Rica, un número significativo de familias enfrenta serios problemas relacionados con el deterioro de sus viviendas, así como la necesidad de ampliaciones y las condiciones de los terrenos donde estas se encuentran. Esta situación pone de manifiesto que el desafío habitacional del país va más allá de la simple construcción de nuevas soluciones de vivienda. El informe titulado Balance y Tendencias del Sector Vivienda 2025, elaborado por la Universidad de Costa Rica, revela que 152,288 viviendas presentan problemas que requieren atención, lo que equivale al 8.1 % de los hogares costarricenses. Sin embargo, al considerar también aquellas casas clasificadas en condiciones regulares, el número asciende a 754,510, lo que representa aproximadamente cuatro de cada diez hogares del país. El sociólogo e investigador en temas de vivienda y urbanismo, Franklin Solano, señala que muchas de las estructuras existentes presentan un deterioro considerable, al punto de que las reparaciones convencionales podrían resultar insuficientes. 'Estas viviendas están en un estado de deterioro tan elevado que prácticamente necesitan hacerse nuevas', advierte el especialista, refiriéndose a las casas con mayores deficiencias. Entre los problemas más comunes se destacan daños en techos, paredes y pisos, elementos que impactan directamente en las condiciones de habitabilidad de las familias. Solano también advierte que las viviendas clasificadas como regulares podrían deteriorarse hasta convertirse en deficientes si no se atienden las carencias existentes. La problemática se extiende también a las viviendas de interés social, donde los propietarios a menudo requieren realizar modificaciones para adaptar los espacios a las nuevas necesidades familiares. Según auditorías del Colegio Federado de Ingenieros y de Arquitectos, cerca de la mitad de estas viviendas han experimentado algún tipo de modificación. En la evaluación más reciente, aproximadamente el 40 % presentó cambios, mientras que tres de cada cinco mantuvieron sus dimensiones originales. Las transformaciones suelen concentrarse en áreas como cocinas, cuartos de pilas y corredores. Sin embargo, algunas de estas intervenciones se realizan sin el acompañamiento de profesionales, lo que puede dar lugar a nuevos problemas constructivos. El informe indica que una de cada cinco viviendas aumentó su área en más de 30 metros cuadrados, muchas veces sin supervisión técnica, lo que representa un riesgo cuando las ampliaciones afectan la distribución de cargas estructurales, las instalaciones eléctricas o la estabilidad general de las edificaciones. El panorama habitacional también presenta diferencias territoriales significativas, especialmente en comunidades que se han desarrollado fuera de los procesos formales de planificación urbana y acceso al suelo.