Mercados emergentes y el riesgo político: cuando el populismo cotiza en puntos básicos

Detrás de los movimientos del Riesgo País argentino —que ha superado los 600 puntos básicos en niveles no vistos en cuatro años— no se esconde únicamente una lectura de los datos macroeconómicos del momento. Analistas financieros y gestores de portafolios con exposición a mercados emergentes coinciden en que la variable que más pesa en la prima de riesgo no es el índice de pobreza ni la contracción de la actividad económica de julio: es la probabilidad de un retorno a esquemas de política económica que los mercados ya han penalizado con dureza en el pasado reciente.

Esta dinámica tiene antecedentes cuantificables. En agosto de 2019, la victoria de Alberto Fernández en las elecciones primarias desencadenó una caída de casi 60% en el índice Merval en una sola jornada, mientras el Riesgo País escaló hasta los 2,000 puntos básicos. Un año después, en septiembre de 2022, la victoria de intendentes afines al kirchnerismo en el Conurbano bonaerense provocó desplomes superiores al 20% en renta variable y un nuevo salto del indicador soberano a 1,200 puntos. Para los estrategas de riesgo político, estos episodios no son anécdotas: son datos de calibración para modelos de escenario. El mercado, como sistema de procesamiento de información, incorpora expectativas antes de que los hechos ocurran, y en Argentina ese mecanismo opera con una sensibilidad históricamente elevada ante señales electorales.

Para los directivos con operaciones o inversiones en la región, el caso argentino ilustra una tendencia más amplia que el Foro Económico Mundial y firmas como McKinsey han documentado en sus análisis de riesgo geopolítico: la incertidumbre regulatoria y la reversibilidad de las políticas económicas se han convertido en factores de descuento tan relevantes como los fundamentales financieros tradicionales. En un contexto donde la Reserva Federal de Estados Unidos mantiene tasas en máximos de varios años —lo que ya presiona a todos los mercados emergentes— los países con mayor exposición a riesgo político endógeno absorben un castigo adicional que no se distribuye de forma homogénea. Argentina concentra ese castigo de manera desproporcionada, lo que obliga a cualquier estratega corporativo o inversor institucional a incorporar el ciclo electoral como variable de primer orden en sus modelos de valuación y gestión de riesgo para la próxima década.