Mora familiar en México: primera contracción en dos años abre debate sobre recuperación crediticia

Señales mixtas emergen del mercado crediticio mexicano: la cartera irregular de créditos a hogares registró en agosto su primera contracción mensual en más de dos años, al reducirse 1.1% en términos reales. El índice de morosidad familiar descendió marginalmente de 12.9% a 12.8%, mientras que la cartera total de crédito familiar creció 0.1% mensual en términos reales. Aunque la variación es mínima, representa un punto de inflexión técnico relevante para analistas que monitorean la salud del crédito al consumo en México.

El contexto estructural, sin embargo, sigue siendo de alerta. Los niveles actuales de morosidad familiar son significativamente más elevados que los registrados en octubre de 2024, cuando la irregularidad total del sector privado era de 1.5% y la de los hogares alcanzaba apenas 2.5%. En paralelo, la mora de las empresas aumentó de 3.6% a 3.8% en el mismo periodo, mientras que la morosidad total del sector privado se mantuvo estable en 7.7%. El segmento de proveedores no financieros —que representa 17% del financiamiento total a hogares— continúa deteriorándose, con una mora de 33.9% tras 21 incrementos mensuales consecutivos, lo que revela una presión sostenida sobre los sectores de menor acceso al crédito bancario formal.

Dos factores técnicos podrían anticipar una mejora gradual en los próximos trimestres. Primero, el volumen de refinanciaciones alcanzó un nuevo máximo en agosto, representando 3.8% del crédito total a familias, con deudas refinanciadas estimadas en más de 2.7 billones de pesos. Segundo, la deuda en Situación 2 —atrasos de hasta 90 días, no contabilizada como cartera irregular— cayó a 2.7%, su nivel más bajo desde agosto de 2025, una señal que históricamente ha anticipado reducciones posteriores en la morosidad formal. No obstante, los plazos de normalización son prolongados: un deudor en Situación 3 requiere al menos dos meses para salir de la cartera irregular; en Situación 5, el periodo asciende a ocho meses. Esto implica que el impacto de las refinanciaciones actuales no se reflejará de forma inmediata en las estadísticas agregadas, y que la lectura de tendencia exige una ventana de observación de al menos dos o tres trimestres adicionales.