Presión fiscal sobre inversión extranjera pone en riesgo el clima de negocios en México
Señales de tensión entre las políticas tributarias mexicanas y las expectativas del capital extranjero están generando un debate de alto impacto entre estrategas corporativos y tomadores de decisiones en América del Norte. El Departamento de Estado de Estados Unidos ha expresado formalmente preocupaciones sobre prácticas del Servicio de Administración Tributaria (SAT) que, según empresas estadounidenses con operaciones en México, crean un entorno de incertidumbre fiscal que compromete la rentabilidad y la planeación a largo plazo.
Esta clase de fricciones no es nueva en la historia de las relaciones comerciales entre México y Estados Unidos, pero adquiere una dimensión distinta en el contexto del nearshoring. Según datos del Banco de México, la inversión extranjera directa proveniente de Estados Unidos representó más del 40% del total captado por el país en años recientes. Cualquier deterioro en la percepción del clima de negocios —especialmente en materia fiscal y jurídica— puede traducirse en una reorientación de flujos de capital hacia otros destinos competidores en la región, como Colombia, Brasil o incluso Vietnam, que también compiten por cadenas de suministro relocalizadas.
Para los líderes corporativos y los responsables de política económica, el mensaje de fondo es claro: la certeza jurídica y fiscal no es un atributo secundario, sino un factor determinante en las decisiones de inversión a 3 y 5 años. Organismos como el Foro Económico Mundial y el Banco Mundial han documentado consistentemente que los marcos regulatorios predecibles son tan relevantes como la infraestructura o el costo laboral al momento de evaluar destinos de inversión. México enfrenta, en este sentido, una ventana de oportunidad que podría estrecharse si no se atienden con celeridad las señales de alerta provenientes de sus principales socios comerciales.



