Contracción del crédito al consumo: señales de madurez en el ciclo financiero

Datos recientes de la Superintendencia de Bancos de República Dominicana revelan una contracción del 20.2% en la emisión de nuevas tarjetas de crédito en un año, al pasar de 871,364 a 695,168 unidades. El fenómeno no es aislado: el portafolio total de tarjetas personales, que alcanzó 3.57 millones de plásticos activos a mediados de 2026, registró una caída interanual del 1.3%, mientras que la tasa de crecimiento de la cartera se desaceleró de forma pronunciada, de 17.2% a apenas 2.1% en doce meses. Para los estrategas del sector financiero, estas cifras apuntan a un punto de inflexión en el ciclo crediticio, no a una crisis, sino a una fase de consolidación tras la expansión registrada en 2024.

Detrás de los números agregados existe una segmentación relevante para el análisis de riesgo. El retroceso en la emisión fue más agudo en los segmentos de menores ingresos y en personas sin ingresos formales declarados, grupos que históricamente presentan mayor vulnerabilidad ante choques de liquidez. No obstante, la cartera total de tarjetas de crédito alcanzó RD$125,429 millones (equivalentes a aproximadamente USD 2,103 millones), y los indicadores de calidad mejoraron: la morosidad mayor a 90 días bajó del 6.0% al 5.3%, y el ratio de incumplimiento se redujo del 11.5% al 10.6%. Esta combinación —menor volumen, mejor calidad— es consistente con una política de originación más selectiva, tendencia que organismos como el Banco de Pagos Internacionales (BIS) han documentado en mercados emergentes que transitan hacia estándares de crédito responsable.

Pese a la contracción en la emisión, el número de tarjetahabientes creció marginalmente un 0.2%, situándose en 2.05 millones de personas. El dato más significativo desde una perspectiva de inclusión financiera es que el 55.8% de los nuevos deudores accedió al sistema crediticio formal por primera vez a través de una tarjeta, superando los niveles prepandemia. Esto confirma que el producto sigue siendo la puerta de entrada al sistema financiero para amplios segmentos de la población, incluso en un entorno de restricción. Para los tomadores de decisión en banca de consumo, el reto estratégico de los próximos trimestres será mantener la apertura hacia nuevos usuarios sin revertir las mejoras en calidad de cartera, un equilibrio que definirá la competitividad del sector en el mediano plazo.