Mercado laboral en tensión: más empleo y más desempleo al mismo tiempo
Crecer en empleo y en desempleo simultáneamente no es una contradicción: es la señal de un mercado laboral bajo presión demográfica. Costa Rica registró la creación neta de 22,291 empleos en el último trimestre, pero también un incremento de 19,867 personas desempleadas. La explicación está en el denominador: la fuerza laboral activa creció en 42,158 individuos, un ritmo que supera con creces la capacidad de absorción del mercado. Este fenómeno, documentado por la Encuesta Continua de Empleo, plantea preguntas estructurales que van más allá de los titulares sobre cifras de ocupación.
Detrás de los números agregados existe una recomposición sectorial que los estrategas de recursos humanos y los tomadores de decisión deben leer con atención. El comercio y reparación lideró la generación de empleo con 47,942 puestos nuevos respecto al mismo trimestre del año anterior, seguido por enseñanza y salud con 33,835 y transporte y almacenamiento con 23,117. En sentido contrario, la industria manufacturera perdió 29,857 empleos, arrastrada por una variación interanual negativa de -0.56% en julio, un contraste marcado frente al crecimiento del 9.6% registrado en el mismo mes del año previo. También retrocedieron comunicación y otros servicios (-25,427), intermediación financiera y seguros (-18,650) y servicio doméstico (-11,466). Esta redistribución sectorial no es aleatoria: refleja cambios en la demanda global, automatización de procesos y reconfiguración de cadenas de valor.
Quizás el dato más relevante para la agenda de competitividad es el desplazamiento en los niveles de calificación requeridos. En el período analizado se perdieron 48,937 empleos no calificados, mientras se crearon 41,722 puestos de calificación media y 39,914 de alta calificación. Este movimiento, consistente tanto en hombres como en mujeres, apunta a una economía que premia el capital humano especializado y penaliza la mano de obra sin formación técnica o profesional. El perfil del desempleado emergente —hombre de entre 35 y 44 años, con experiencia laboral pero sin educación más allá de la primaria completa— ilustra con precisión el tipo de brecha que las políticas de reconversión laboral y los programas corporativos de upskilling deberán atender en los próximos años. Para las organizaciones, ignorar esta señal equivale a operar con una visión incompleta del talento disponible y de los riesgos sociales que acompañan a la transformación productiva.



