Cadena logística de vehículos electrificados: del puerto al concesionario bajo presión regulatoria
Más de 31,000 unidades de vehículos híbridos importados deben ser transportadas, descargadas y nacionalizadas antes del cierre del primer mes de 2027, lo que convierte a este periodo en el más exigente del ciclo logístico automotriz. Este escenario se enmarca en un esquema regulatorio que fija topes de valor FOB por unidad —18,000 dólares para híbridos y 35,000 para eléctricos— y que ha asignado un cupo acumulado de 100,000 vehículos para los ciclos 2025-2026. De ese total, 68,792 unidades ya han ingresado al mercado, representando el 21.1% de los patentamientos nacionales, una señal clara de que la electromovilidad ha dejado de ser un nicho para convertirse en un segmento estructural del mercado automotor argentino.
Desde el punto de vista operativo, la cadena logística comienza en los buques ro-ro, embarcaciones especializadas que permiten el rodado directo de vehículos entre cubierta y muelle. El puerto de Zárate, ubicado a 90 kilómetros de Buenos Aires, concentra el grueso de estas operaciones: su terminal automotriz abarca 218 hectáreas, tiene capacidad simultánea para 70,000 unidades y recibe anualmente cerca de 200 buques y 100,000 camiones. Un récord de descarga registrado en enero —36 horas continuas de operación— ilustra la intensidad logística que el sistema debe absorber. Los picos proyectados entre mayo y julio para el cupo 2026 anticipan una posible tensión en la capacidad portuaria que los operadores ya están evaluando con anticipación. Un factor adicional de complejidad es que los vehículos híbridos están clasificados como mercancías peligrosas bajo el Código IMDG, lo que impone requisitos documentales específicos en cada etapa del transporte marítimo.
Una vez en tierra, la velocidad de liberación aduanera se convierte en variable crítica. La aduana verifica la posición arancelaria, la referencia técnica, el valor FOB declarado y la disponibilidad de cupo asignado: si alguno de estos elementos no está en orden, la unidad pierde el beneficio de arancel cero y queda sujeta a un gravamen del 35% por extrazona, con impacto directo en la rentabilidad del importador. A esto se suma la obligatoriedad de contar con la Licencia de Configuración de Modelo y la Licencia de Configuración Ambiental para habilitar la circulación de cada vehículo. Ajustes regulatorios recientes han simplificado parcialmente este proceso al aceptar certificaciones emitidas en Estados Unidos y permitir verificaciones individuales basadas en el número de identificación vehicular, un avance que reduce fricciones sin eliminar la exigencia de precisión documental. Para los estrategas del sector automotriz y los operadores logísticos, este ecosistema regulatorio-operativo representa tanto una barrera de entrada como una fuente de ventaja competitiva para quienes dominen la cadena de cumplimiento.



