Competitividad laboral en el norte de México: señales de un mercado en maduración
Baja California ocupa el cuarto lugar nacional en el subíndice de Mercado de Trabajo del Índice de Competitividad Estatal 2026, elaborado por el Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO). El resultado coloca a la entidad en el grupo de mayor desempeño del país, junto a Baja California Sur, Ciudad de México y Jalisco, consolidando al noroeste mexicano como una de las regiones con condiciones laborales más sólidas para la atracción de inversión productiva.
La metodología del IMCO evalúa tres dimensiones estructurales del mercado laboral: formalidad en el empleo, nivel educativo de la fuerza de trabajo e ingresos de la población ocupada. Estos indicadores son precisamente los que los estrategas corporativos y los equipos de expansión regional utilizan para tomar decisiones de localización industrial y de servicios. Según datos del INEGI, la tasa de informalidad laboral en Baja California se ubica por debajo del promedio nacional —que supera el 55%—, lo que representa una ventaja competitiva tangible frente a otras entidades con menor capacidad de retención de talento formal.
Desde una perspectiva prospectiva, el posicionamiento de las entidades fronterizas del norte responde a una tendencia estructural vinculada al nearshoring: la relocalización de cadenas de suministro hacia México, impulsada por la reconfiguración del comercio global post-pandemia y los incentivos del T-MEC. McKinsey Global Institute estima que México podría capturar entre 35,000 y 78,000 millones de dólares adicionales en exportaciones manufactureras hacia 2030, siempre que logre escalar su oferta de talento calificado y formalizar su mercado laboral. En ese contexto, los mercados de trabajo con mayor formalidad y mejor preparación educativa —como el de Baja California— se convierten en activos estratégicos de primer orden para los tomadores de decisión corporativa y los fondos de inversión que evalúan oportunidades en la región.



