Crisis alimentaria en Cuba: cuando la libreta de racionamiento ya no garantiza el abasto básico

Bodegas estatales que operan meses enteros con dos o tres productos, familias que se acuestan sin cenar y un salario mínimo que equivale a menos de cinco dólares al tipo de cambio informal: este es el retrato actual del sistema de abastecimiento en Cuba, cuya crisis estructural se ha profundizado de forma acelerada desde mediados de 2026. El caso de un establecimiento habanero que recibió únicamente cigarros en agosto y frijoles en septiembre —sin ningún artículo nuevo en los primeros días de octubre— no es una anomalía, sino una señal representativa del estado de la red estatal de comercios en la isla.

La libreta de abastecimiento, mecanismo de racionamiento que durante décadas funcionó como pilar de la distribución de alimentos y artículos básicos a precios subsidiados, ha sufrido recortes significativos que han impactado directamente a los hogares cubanos. Según datos recientes, una de cada tres familias ha experimentado hambre, y el 33.9% de la población reportó haberse acostado sin cenar durante 2025. La canasta básica familiar se estima en aproximadamente 96,000 pesos cubanos, cifra inalcanzable para jubilados y trabajadores del sector estatal. El kilo de azúcar importada se cotizaba en 1,330 pesos, mientras que los huevos alcanzaban los 4,390 pesos en algunos puntos de venta alternativos.

Frente al colapso distributivo, el Ministerio de Comercio Interior anunció la apertura de 24 mercados de barrio en distintas provincias, gestionados por micro, pequeñas y medianas empresas, cooperativas y trabajadores independientes seleccionados mediante licitación. La propuesta contempla precios entre 10% y 15% inferiores a los de otros establecimientos, además de incentivos fiscales para los operadores. Sin embargo, el escepticismo ciudadano es generalizado: cuando el salario mínimo no cubre ni el 5% del costo de la canasta básica y el país depende de importaciones para cubrir cerca del 80% de su consumo alimentario —en un contexto de escasez crónica de divisas y producción agropecuaria en descenso—, la apertura de nuevos puntos de venta no resuelve el problema de fondo. Para los estrategas que monitorean mercados emergentes y economías en transición, Cuba representa un caso extremo de lo que ocurre cuando la rigidez institucional supera la capacidad de adaptación de los sistemas de distribución ante choques externos sostenidos.