Formalización del trabajo de cuidado doméstico redefine el mercado laboral en América Latina

Actualizar las escalas salariales mínimas para cuidadores domésticos en América Latina no es un ajuste técnico menor: es una señal de que un sector que emplea a millones de personas —en su mayoría mujeres— está transitando hacia la formalidad. Países de la región han comenzado a establecer pisos salariales diferenciados según la modalidad de trabajo: cuidadores que no residen en el hogar del empleador perciben un salario mínimo por hora de aproximadamente $4,337.53, mientras que quienes viven en el domicilio reciben $4,801.52. En términos mensuales, estas cifras se traducen en remuneraciones de $548,429.23 y $605,050, respectivamente, para jornadas completas. Los nuevos esquemas también contemplan un incremento del 31% para zonas desfavorables y un complemento por antigüedad del 1% del salario mensual por cada año de servicio con el mismo empleador, configurando un marco normativo que obliga al empleo formal y permite acuerdos superiores, pero nunca por debajo de estos valores.

Desde una perspectiva estructural, la regulación del sector de cuidado tiene implicaciones que trascienden el ámbito doméstico. Según datos regionales, la informalidad en este segmento ha superado el 70% en varios contextos nacionales, lo que ha mantenido a millones de trabajadoras fuera de la seguridad social, la atención médica y los sistemas de jubilación. La formalización impulsada por marcos normativos no solo eleva los costos para las familias empleadoras, sino que amplía la base contributiva de los sistemas de protección social —un factor crítico en economías que enfrentan presiones fiscales crecientes y poblaciones que envejecen a ritmo acelerado. El Foro Económico Mundial ha identificado el cuidado como una de las economías invisibles con mayor potencial de impacto macroeconómico si se formaliza de manera sistemática.

Para estrategas en servicios de salud domiciliaria, plataformas de intermediación laboral y empresas de recursos humanos, estas actualizaciones normativas representan una señal de mercado clara. A medida que la participación femenina en el empleo formal aumenta y la demanda de cuidado especializado crece —impulsada por el envejecimiento demográfico y la mayor prevalencia de enfermedades crónicas—, la profesionalización del sector y la demanda de perfiles certificados seguirán escalando. Las organizaciones que anticipen este cambio estructural, desarrollando modelos de negocio adaptados a un mercado regulado y con estándares laborales más exigentes, estarán mejor posicionadas para capturar valor en una de las economías de cuidado de más rápido crecimiento en la región.