Mercado inmobiliario chino: señales de estabilización tras años de sobreoferta y deuda
Después de un ciclo prolongado de declive, el mercado inmobiliario de China muestra señales tempranas de reequilibrio. Análisis recientes proyectan que los precios de bienes raíces residenciales podrían tocar fondo hacia el tercer trimestre de 2028, mientras que las principales metrópolis —Beijing y Shanghai— podrían anticipar una recuperación ya en el corto plazo. Este cambio de perspectiva contrasta con las advertencias emitidas a principios de año, cuando el elevado inventario de viviendas sin vender era señalado como el principal obstáculo para cualquier recuperación sectorial.
Dos intervenciones de política pública han modificado el escenario. En agosto, el gobierno de Beijing introdujo restricciones que limitan la capacidad de los desarrolladores para comercializar propiedades no terminadas, una práctica que históricamente alimentó ciclos de crecimiento acelerado financiados con deuda. Meses después, el Primer Ministro Li Qiang anunció un paquete de medidas de estabilización que incluye subsidios a tasas hipotecarias para compradores de primera vivienda. El efecto combinado de ambas medidas está reconfigurando el comportamiento de los desarrolladores: la adquisición de terrenos se ha contraído, lo que reducirá la oferta nueva en el mediano plazo. Según estimaciones del sector, el volumen de viviendas no terminadas y pre-vendidas en 2023 equivalía aproximadamente a 20 veces el tamaño de Country Garden, uno de los mayores desarrolladores del país por volumen de ventas, lo que dimensiona la magnitud del desequilibrio acumulado.
Para estrategas e inversores en América Latina, la evolución del mercado inmobiliario chino tiene implicaciones que van más allá de sus fronteras. China representa cerca del 18% del PIB mundial y su sector inmobiliario ha sido históricamente uno de los motores de demanda de materias primas —acero, cobre, cemento— que exportan economías como México, Brasil y Chile. Una estabilización gradual del inventario, proyectada para 2026 según los análisis más recientes, podría traducirse en una reactivación moderada de esa demanda. El caso chino también ofrece una lectura de largo plazo sobre los riesgos de modelos de desarrollo inmobiliario altamente apalancados, una lección relevante para mercados emergentes que atraviesan sus propios ciclos de expansión crediticia en vivienda.



